indumentaria


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indumentaria

1. s. f. INDUMENTARIA Y MODA Conjunto de prendas que forman un traje o vestido se presentó con una indumentaria muy extraña. ropaje
2. INDUMENTARIA Y MODA Conjunto de conocimientos relativos a la historia del vestido.

indumentaria

 
f. Estudio histórico del traje.
Vestimenta.

indumentaria

(indumen'taɾja)
sustantivo femenino
1. nombre genérico que se le da a las prendas de vestir En la fábrica textil se especializan en indumentaria deportiva.
2. conjunto de prendas de vestir y accesorios que usa una persona Su indumentaria es más bien casual, pero elegante.
Sinónimos

indumentaria

Traducciones

indumentaria

clothing

indumentaria

одежда

indumentaria

vestuário

indumentaria

الملابس

indumentaria

odzież

indumentaria

облекло

indumentaria

服装

indumentaria

服裝

indumentaria

의류

indumentaria

kläder

indumentaria

SF
1. (= ropa) → clothing, dress
2. (= estudio) → costume, history of costume
Ejemplos ?
Miren cómo alegran el camino la acansinada recua; el arriero que dormita delegando su misión en el liviano; la galera que cruje amenazando romperse en las desigualdades del terreno; algún que otro poderoso de los caseríos próximos, que pregona lo holgado de su vivir merced a lo flamante de su indumentaria y a lo bien enjaezada que luce la fuerte cabalgadura...
Entre los primeros actos de eclesiástico gobierno del señor Dean, hombre más ceremonioso que el día de año nuevo, cuéntase un edicto prohibiendo, con pena de excomunión mayor ipso facto incurrenda que los viejos usasen virrete dentro del templo, y otro reglamentando la indumentaria femenina, reglamentación de la cual resultaban pecaminosos los trajes con cauda en la casa del Señor.
Detrás de las mesitas no solía haber gente joven; la mayoría eran solterones, los cuales no creáis que fueran con peluca o gorro de dormir, pantalón de felpa, y chaleco y chaqueta abrochados hasta el cuello, no; aunque ésta era, en efecto, la indumentaria del bisabuelo de nuestro bisabuelo, y así lo vemos retratado.
Al estudiar durante laboriosos meses el estado de la alimentación del pueblo, de su indumentaria, de sus casas de habitación, de las medicinas que pueden mantener su salud, de su grado de educación y de cultura, hemos podido sacar en claro que sólo orientando nuestro esfuerzo hacia un cambio en la estructura económica, modificando las características de nuestra economía, aumentando y diversificando la producción en todas sus ramas es posible conquistar mayores beneficios y bienestar para la población.
Recuerdo también haberla visto de saya y manto entre las traviesas tapadas que á las procesiones solemnes concu- rrían, y que con sus graciosas agudezas traían al retortero á los golosos descendientes de Adán. La saya y manto desapare- ció de la indumentaria limeña después de 1855.
Nada puede justificar con más elocuencia la larga lucha de sacrificios de la Revolución Mexicana, corno la existencia de regiones enteras en las que los hombres de México viven ajenos a toda civilización material y espiritual, hundidos en la ignorancia y la pobreza más absoluta, sometidos a una alimentación, a una indumentaria y a un alojamiento inferiores e impropios de un país que, como el nuestro, tiene los recursos materiales suficientes para asegurar una civilización más justa.
La extranjera -lo era de fijo, por el acento y la exageración de la espléndida indumentaria- tenía un rostro picante, sin belleza, pero lleno de bellaquería; el pelo casi rojo, y las mejillas como esmaltadas a fuerza de pintura.
Como todas estas imágenes son de vestir y como cada una corre por cuenta de algún vecino o de una familia, se ha formado en la parroquia levítica, desde tiempos inmemoriales, una rivalidad harto progresista y emuladora en esto de indumentaria, sastrería y arrequives religiosos.
Era hermosísima; su cabeza parecía destacarse en una medalla antigua, como aquellas sicilianas de que nos habla el poeta de los Trofeos; su indumentaria, su figura, sus posturas, hablaban de Grecia al menos versado en las delicadezas del arte helénico; en su tocador, de gusto arqueológico, sencillo, noble, poético, Violeta parecía una pintura mural clásica, recogida en alguna excavación de las que nos descubrieron la elegancia antigua.
Ya se figuraba la Duquesa a Fernando acudiendo a misteriosa cita todas las noches; ella le recibiría con un traje que no hablase a la materia; ya discurriría ella cómo puede una bata estar cortada de modo que no hable más que al espíritu: tomaría por figurín algún grabado en que estuviera bien retratada Beatriz, y aún mejor sería recurrir a la indumentaria griega; algo como la túnica de Palas Atenea o de Venus Urania.
No era la bien trazada pierna el único atractivo que realzaba al profesor de esgrima; podía envanecerse y alabarse de unos bigotes castaños, lustrosos de cosmético, un cuerpo ágil y estatuario, que el diario ejercicio del florete volvía más airoso, y, en el ramo de indumentaria, preciarse de una colección de látigos con puño de plata, calzones de punto, corbatas flotantes y dijes de reloj en extremo caprichosos, todo lo cual hacia a Armando Deslauriers muy peligroso para el mujerío marinedino de cualquier estado y condición: señoras y artesanas, dueñas, casadas y doncellas.
Advertía sus detalles mínimos, las desmenuzaba, las profanaba mentalmente tasándolas en su precio neto, según la destreza del escultor que las labrara o los conocimientos en indumentaria de la costurera que cortó y dispuso los trajes.