indolente


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indolente

(Del lat. indolens, -tis, que no siente dolor.)
1. adj. Que no se conmueve o afecta.
2. Que no hace cosas por pereza cada día se muestra más indolente y pasivo. perezoso
3. Que no duele.

indolente

 
adj. Que no duele.
Que no se conmueve.
Flojo, perezoso.

indolente

(indo'lente)
abreviación
1. persona que no tiene voluntad para hacer cierta cosa un joven indolente y perezoso
2. característica que es propia de estas personas una manera de ser indolente

indolente


sustantivo
persona que no tiene voluntad para hacer cierta cosa Tiene la típica pose de indolente de todos los adolescentes.
Sinónimos

indolente

adjetivo
dejado, perezoso, apático, negligente, linfático.
«Es uno indolente por falta de sensibilidad; dejado por falta de ardor; perezoso por falta de acción; negligente por falta de cuidado. Es difícil animar al dejado; en cuanto hace, va lentamente. En los perezosos es preferible el deseo de la quietud y del reposo a las ventajas que proporciona el trabajo. La distracción y el descuido es la dote del negligente; todo se le escapa y no se cuida de ser exacto.»
José March
Traducciones

indolente

indolente

indolente

indolent

indolente

indolent

indolente

ADJ (= perezoso) → indolent, lazy; (= abúlico) → apathetic; (= lánguido) → listless
Ejemplos ?
Sin duda respondió el médico en tono indolente, ya porque, pensando lo mismo, no quisiera ofender a nadie, o bien porque no pensara nada.
Yo, remolcando en mi barquilla débil la indolente fortuna del poeta, sin envidiar el astro del profeta cantando alegre por la mar iré.
Por la diversidad de su humor, alternativamente místico o alegre, charlatán, taciturno, exaltado o indolente, ella iba despertando en él mil deseos evocando instintos o reminiscencias.
Ea, vayamos a la batalla, no obstante estar heridos, pues la necesidad apremia; pongámonos fuera del alcance de los tiros para no recibir lesiones sobre lesiones, animemos a los demás y hagamos que entren en combate cuantos, cediendo a su ánimo indolente, permanecen alejados y no pelean.
Como la natural flojera de la joven no la permitía entrar en una discusión, porque esto hubiera sido un esfuerzo supremo de que no se sentía capaz, dijo con negligencia al príncipe que, aceptaba el ofrecimiento que le hacia. Y sin otras formalidades ni requisitos, quedo arreglado el matrimonio entre la indolente niña y el atrevido príncipe.
Cuarenta y tantas carretas toldadas con negruzco y pelado cuero se escalonaban irregularmente a lo largo de la playa y algunos jinetes con el poncho calado y el lazo prendido al tiento cruzaban por entre ellas al tranco o reclinados sobre el pescuezo de los caballos echaban ojo indolente sobre uno de aquellos animados grupos, al paso que más arriba, en el aire, un enjambre de gaviotas blanquiazules que habían vuelto de la emigración al olor de carne, revoloteaban cubriendo con su disonante graznido todos lo ruidos y voces del matadero y proyectando una sombra clara sobre aquel campo de horrible carnicería.
El genio y la imaginación española pueden compararse a un extendido lago, monótono y sin profundidad, jamás sus aguas se alteran, ni perturban la indolente tranquilidad de las naves que le surcan.
Huérfano y desconocido Genaro en Sevilla entera (pues hoy se oculta indolente y antes no célebre en ella), sin un amigo tan sólo que distraerle pudiera, pasa una vida ignorada en soledad y tristeza.
ancladas a esta bahía, reticente ante esta afrenta; actuando con voz pasiva, indolente y con pereza; sin siquiera aportar, Olas, que apaguen la hoguera.
Mas así que hubieron atravesado la llanura, Atenea descendió presurosa del Olimpo, cual nocturna mensajera, para que tomáramos las armas, y no halló en Pilos un pueblo indolente pues todos sentíamos vivos deseos de combatir.
Alina, su hermana menor, considerada como hija del duque, aunque en realidad es hija del obispo y de una de las mujeres del duque; tiene dieciocho años, rostro pícaro y muy agradable, muy lozana, ojos castaños, nariz respingona, aire travieso aunque profundamente indolente y holgazana.
Anchas bocanadas de aromas salen del seno de aquella verdadera naturaleza, vigorosa como una pasiega primeriza; y el indolente oriental, ebrio de narcóticas esencias, se atraca de arroz a la claridad de la luna, pensando en la simbólica flor del Loto, o en algo por el estilo...