Ejemplos ?
Pero al fin se me informó que «la señora Wyatt se hallaba indispuesta y que no acudiría a bordo hasta el día siguiente, a la hora de zarpar».
Se hicieron las visitas, Durcet encontró mierda en el orinal de Sofía. La joven se excusó diciendo que se había sentido indispuesta.
¡cuatro de lo bueno!, ¡y suponte la que se me atraviesa! Consuelo está indispuesta y no tengo quién me la acompañe y me da pena dejarla sola.
DOÑA BERNARDA Su esperanza te entretenga; que con ella no es molesta la más retirada vida. Yo vengo de la caída notablemente indispuesta: pienso que será forzoso sangrarme esta noche.
SANTARÉN Yo ando vendiendo abanillos, y podré andar desde agora la nariz al colodrillo. DON FERNANDO Yo soy, señora, el barbero de anoche, que, compasivo de dejaros indispuesta, vuelvo a ver cómo os ha ido.
Media noche era ya pasada cuando una de las niñas, cuyos encantos habían sublevado los sentidos del capitán de la cuarta compañía del batallón Vargas, sintiose indispuesta y se retiró a su cuarto.
Solo al irse el confidente, se oyó decir al rey esto: «Asegura bien el golpe, y si has de vivir, secreto.» Al sarao y a los salones tornó Filipo muy presto; aunque pálido el semblante, tranquilo y tal vez risueño, volvió a hablar al conde-duque, el cual como astuto y diestro, que su señor encubría conoció cuidados nuevos. Al cabo de corto rato anunciose que en su lecho la reina indispuesta estaba, y se dio fin al festejo.
Cuando ella subió, buscándome, una hora después, me despertó y me dijo que mi madre se había acostado bastante indispuesta y que míster Murdstone y su hermana seguían sentados en el gabinete.
Hasta que se acercó a ella por detrás y le murmuró algo al oído. Ella se volvió y se sintió indispuesta. Yo también me había vuelto para mirarle; pero él se marchó.
Una irresistible curiosidad lo obligó a permanecer ahí, porque al parecer, ellos asistirían el mismo día, y no quiso perderse la oportunidad de ser presentado ante la dama. Cuando llegó su amigo, se percató de la ausencia de su mujer, a la cual excusaron, pues estaba indispuesta.
Si llamaba con impaciencia después de media docena de campanillazos modestos y sin efecto, cuando aparecía (que no era siempre) era con cara de reproche; caía ahogándose en una silla al lado de la puerta, apoyaba la mano sobre su seno de nanquín y se sentía tan indispuesta, que yo me consideraba muy dichoso desembarazándome de ella a costa de mi aguardiente o de cualquier otro sacrificio.
La seguí, y en el camino le pregunté cómo se encontraba mistress Steerforth. Me contestó que estaba siempre indispuesta y que salía muy poco de su habitación.