indómito


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indómito, a

(Del lat. indomitus.)
1. adj. Que no está o no puede ser domado o domesticado.
2. adj./ s. Que es difícil de someter o reprimir.

indómito, -ta

 
adj. No domado.
Que no se puede domar.
fig.Difícil de sujetar o reprimir.

indómito, -ta

(in'domito, -ta)
abreviación
1. animal que es difícil o imposible de domar un caballo indómito
2. persona, espíritu que es difícil de someter o controlar Sentía unos celos indómitos y violentos.
Sinónimos
Traducciones

indómito

indomito

indómito

indomptable

indómito

不屈不挠

indómito

不屈不撓

indómito

Indomitable

indómito

ADJ = indomable
Ejemplos ?
Pues como en lo alto del Tauro agitando sus brazos 105 a una encina, o a un conífero pino de sudante corteza, un indómito torbellino, contorsionando con su soplo su robustez, lo arranca: el árbol, lejos, desenterrado de raíz, hacia adelante cae, ampliamente todo cuanto se encuentra quebrando, así, domado su cuerpo, a aquel salvaje postró Teseo, 110 que para nada lanzaba a los vanos vientos sus cuernos.
«¡Vamos a matar franceses!», dice el anciano, que arrastra, del báculo con la ayuda, de un siglo entero la carga. «¡Vamos a matar franceses!», grita el joven, que la espalda del potro indómito oprime, blandiendo una antigua lanza.
Unas veces emitían articulaciones como para entenderse con dioses, otras un sonido con la fuerza de un toro de potente mugido, bravo e indómito, otras de un león de salvaje furia, otras igual que los cachorros, maravilla oírlo, y otras silbaba y le hacían eco las altas montañas.
Desde sus más tiernos años descolló en él una vehemente afición a la náutica, a los viajes y a la astronomía, de tal modo que a los veinticinco años abandonó las cosas de la guerra (en que había dado pruebas de valor indómito, como gobernador de Ceuta que había sido en tiempo de las luchas con los rifeños), y se retiró a los Algarbes, donde, cerca del cabo de San Vicente, extremo occidental de Europa, en un sitio próximo a Sagres, fundó una villa que llamó Terra Naval, y que después llevó el nombre de Villa del Infante.
El padre del Tuerto, tío Bolina llamado, porque siempre al andar se ladeó de la derecha, sigue, a pesar de sus años, bregando con la mar, como el tío Tremontorio, y no por afición a ella, como diría muy serio un poeta del riñón de Castilla o de la Mancha, acostumbrado a mandar las maniobras y a conjurar tormentas desde un escenario o en el estanque del Retiro, sino porque viven de lo que pescan, y sólo pescan para vivir exponiendo la vida cien veces al año en el indómito mar de Cantabria sobre una frágil lancha.
Las malas lenguas del lugar daban por causa de esta retirada el sobrado empeño de Currito en vigilar y celar a doña Ramona, aislándola de todo pretendiente, y el amor de ésta a la libertad y su indómito aborrecimiento a todo linaje de tutela.
¡Oh el mar aventurero, indómito y fluctuante, altivo como el viento, como el pájaro errante! Fuente inmortal de ideales, su alma limpia y cantora, llena de azules voces la esbelta cantimplora que a la luz matinal sorbe, alegre, el barquero, y exalta el desvarío del segundón postrero, que quita el rancio orín de su escudo sonoro anheloso de glorias lejanas y de oro.
Escribiendo versículos, cada uno de nosotros bromeaba con un ritmo ora éste, ora esotro, rindiendo su vez entre el juego y el vino, y de allí salí, por tu gracia encendido, Licinio, y tus donaires, que ni, triste de mí, la comida me agradara ni el sueño cubriera de quietud mis ojos, sino por todo el lecho indómito de furor diera vueltas deseando ver la luz para contigo hablar y junto a ti estar.
La aniquiló el hijo de Zeus con su implacable bronce, el Anfitriénida Heracles, con ayuda del belicoso Yolao, según los planes de Atenea amiga de botín. La Hidra parió a la terrible, enorme, ágil y violenta Quimera, que exhala indómito fuego.
Todas las odiosas pasiones dominaban al indómito salvaje; sus ojos estaban inyectados en sangre, sus facciones desfiguradas por la ira y la venganza, los celos le devoraban.
Ninguno como Timbre para garbear en el potro más indómito; ninguno como él en el manejo de gerifaltes y halcones; ninguno, para disparar venablos y ballestas.
¿Crees tú, pedazo de animal, que puedo confiar la diosa a un animal indómito que eche por los suelos esta divina imagen, obligándome así a correr de un lado para otro desesperado, loco, erizados los cabellos buscando un médico para mi diosa tendida en tierra?» Cuando oí estas palabras me decidí a fingir un agudo acceso de rabia para que, viéndome furioso e indomable, renunciara a mi adquisición.