Ejemplos ?
Alucinado el oído como la vista, Paulino escuchaba el murmurio de la muchedumbre, más grosero en las localidades altas, más cínico en las bajas, y fijándose espectador por espectador, sorprendía en las pupilas la chispa codiciosa, y en los labios péndulos de los vejetes la baba impura, y el guiño significativo trocado de butaca a butaca, y las palabrillas picantes susurradas a media voz...
émplase ya del fatigoso estío El fuego abrasador: del yerto polo Del septentrión los vientos sacudidos, Envueltos corren entre niebla oscura, Y a Cuba libran de la fiebre impura.
Pero si se retira del cuerpo mancillada, impura, como la que siempre ha estado mezclada con él ocupada en servirlo, poseída de su amor, embriagada de él hasta el punto de creer que lo único real es lo corporal, lo que se puede ver, tocar, comer y beber, o lo que sirve a los placeres del amor, mientras que hábilmente huía de todo lo que es oscuro, invisible, e inteligible, de lo cual sólo la filosofía tiene el sentido, ¿piensas tú que un alma en este estado puede salir pura y libre del cuerpo?
Y mientras hallaba encantos su pasión, entonces única, de la bella Margarita en la virtud, su alma impura adoraba sus hechizos locamente, y más la lucha con su virtud empeñaba, aún de su victoria en duda.
Juan, llenando una concha de agua pura, la derramó sobre Jesús entera. La voz de Jehová tronó en la altura, y la raza de Adán la mancha impura perdió de su fatal culpa primera.
Cuando llega a este lugar de reunión de todas las almas, si está impura o manchada por algún asesinato o cualquiera de los otros crímenes atroces, que son las acciones semejantes a ella, huyen de su proximidad todas las almas a las que horroriza; no encuentra compañero ni guía y va errante en el más completo abandono hasta que después de cierto tiempo la necesidad la arrastra al sitio donde debe estar.
Hundida la infeliz en su abandono, suspiraba de amor por quien la olvida, por quien su amor pospone y su ternura a una caricia sin pudor vendida de la insolente bailarina impura.
¡Oh, cuántas veces una flor graciosa que al primer rayo matinal se abría, y gloria del vergel la proclamaba la turba de los hijos de la Aurora, y algún tierno amador la destinaba a morir perfumando el casto seno de la más bella y más feliz pastora!, ¡oh, cuántas veces mustia y desmayada no llega a ver el sol, que de improviso la abrasa el hielo, el viento la deshoja, o quizá hollada por la planta impura de una bestia feroz ve su hermosura!
Tu espíritu infinito resbala ante mis ojos, Y aunque mi vista impura tu aparicion no vé, Mi alma se estremece, y ante tu faz de hinojos Te adora en esas nubes mi solitaria fé.
Y tú, radiante y peregrina estrella, María de los mundos soberana, Madre sin mancha, compasiva y bella, a quien adoro en ilusión lejana cual faro santo que en mi fe destella, mi voz perdona, si mi voz profana osa hablar de tu amor y tu hermosura con lengua pobre, terrenal e impura.
Dulcísimo arrobamiento sus potencias embargando, fué poco a poco ocupando su trémulo corazón, hasta que el santo deliquio cambiando su esencia impura, niveló a la criatura con la celestial visión.
¡Tu esposo, el soldado Sebastián Hurtado! Aceptaría la vida y la libertad a trueque de tamaña infamia.» El cacique ardía de día en día en la impura llama que lo abrasaba.