imprudente

(redireccionado de imprudentes)
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imprudente

1. adj. Se aplica a la persona que no tiene prudencia es una conductora imprudente que aprieta el acelerador sin comedimiento alguno. audaz, aventurado, insensato, temerario prudente
2. Que ha sido dicho o ejecutado sin cautela ni moderación una palabra imprudente puede echar todo el plan a rodar. atolondrado, ligero, precipitado
3. Que es irrespetuoso o irreverente su gesto ante la autoridad fue imprudente y grosero. atrevido, desatinado, descarado conveniente
4. Que es indiscreto o descubre noticias que han de permanecer en secreto. incauto, indiscreto sensato

imprudente

 
adj.-com. Que no tiene prudencia, temerario.

imprudente

(impɾu'ðente)
abreviación
que no tiene cautela o buen juicio una decisión imprudente
Ejemplos ?
¡Háblame! Por fin, él declaró, en tono serio, que sus visitas iban siendo imprudentes y que ella se comprometía. CAPÍTULO X Poco a poco, estos temores de Rodolfo se apoderaron también de ella.
La cual no por eso puede lo que la verdad; pues si quisiera, puede también dar muchas más voces que la verdad; si no, considérenlo todo muy bien, y si acaso, mirándolo sin pasión de las partes, les pareciere que es de tal calidad que más pueden echarlo a barato que desbaratarlo con su procaz locuacidad y con su satírica y ridícula liviandad, repórtense y den de mano a sus vaciedades, y quieran más ser antes corregidos por los prudentes que alabados por los imprudentes.
15 Mirad, pues, cómo andéis avisadamente; no como necios, mas como sabios; 16 Redimiendo el tiempo, porque los días son malos. 17 Por tanto, no seáis imprudentes, sino entendidos de cuál sea la voluntad del Señor.
Y aunque en él reprueba generalmente a todos los demonios, de quienes dice que por’ su imprudencia atraen los vapores húmedos, y que no residen en la parte etérea, sino en la aérea debajo de la Luna, y en el mismo globo de este planeta; sin embargo, no se atreve a atribuir absolutamente a los demonios todos los engaños, malicias e imperfecciones que con razón le ofenden; pues a algunos de ellos, siguiendo el sentir de otros escritores, los llama demonios benignos, confesando, no obstante, que, generalmente, todos son imprudentes.
Por lo mismo el Apóstol San Pablo no habla de los hombres impacientes, imprudentes, intemperantes, malos e injustos, sino de los que viven según la verdadera piedad y religión, y de los que, por esta razón, las virtudes que tienen las tienen verdaderas, cuando dice: «Que nuestra salvación ha sido hasta ahora en esperanza, y la esperanza que se ve no es esperanza, porque lo que uno ve y lo posee, ¿cómo lo espera?
Hasta hoy – añadió el rey – nada han hecho que pueda conceptuarse como una falta a los deberes que su rango les impone; pero tienen tan poquísimo talento, son tan imprudentes y viven tan ociosas que temo se lancen, lejos de mi cuidado, a cualquier locura.
PROMETEO Sabe que ha de cumplirse; es ley del Hado. ÍO ¿Y quién del regio cetro ha de privarle? PROMETEO Sus mismas imprudentes voluntades. ÍO ¿De qué modo?
Necesario era que el prurito de hablar de aquella princesa rayase en furor para que en tales momentos se entretuviera con tan imprudentes coloquios, y más aun si se tiene en cuenta su abatimiento y debilidad, pues en todo el día no había comido.
-Desde luego, a mi humilde y eclipsado punto de vista -decía don Dionisio apretando los labios- no puedo «zozobrar» en reconocer que si la tierra o predio donde fueron apresadas o dígase cosechadas, las nueces, pertenecía a título lícito a don Juan de Mata, él era respectiva y colegalmente dueño de la fruta. Oyendo don Ramón que también le contradecía el dómine, embravecióse más, y soltó nuevas palabras imprudentes.
Dios se enfadó mucho con ellos y les dijo claramente en el capitulo XLII, que son fastidiosos e imprudentes; y los condenó a una multa de siete toros y de siete moruecos por haber dicho tonterías.
Hay abrojos, en la Pampa, pequeños y grandes, chamico, paja brava y rosetas, cardos y cortadera, flechillas y pasto puna; pero los abrojos, sólo los trae la población; el agricultor es el que siembra, con su trigo, el chamico, y los cardos de espina más brava sirven, como cualquier otro yuyo, de mantención a la hacienda. ¿Quién no perdonaría a la cortadera los tajos que pueda dar en dedos imprudentes?
No hemos de venir a las manos, lejos hemos de sacar los pies, despreciando todo aquello que los imprudentes hacen, porque tales cosas no las pueden hacer sino los que lo son.