ijar

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ijar

(Derivado del lat. ilia, bajo vientre.)
s. m. ANATOMÍA Ijada, espacio entre las costillas y la cadera.
Traducciones

ijar

flank

ijar

fianco
Ejemplos ?
Pero, ¡por San Saturio, patrón de Soria!, cortadle el paso por esas carrascas, azuzad los perros, soplad en esas trompas hasta echar los hígados, y hundid a los corceles una cuarta de hierro en los ijares: ¿no veis que se dirige hacia la fuente de los Álamos y si la salva antes de morir podemos darlo por perdido?
Los que pudieron conseguir montar desgarraron con la espuela los ijares de los jacos peludos y recios, que temblaban con todos sus miembros y enderezaban las orejas resoplando.
- Un animal irracional -, iba a responderle; pero me acordé de repente de quién podría ser, y sustituyendo cantidades iguales: - Braulio eres -, le dije. Al oírme, suelta sus manos, ríe, se aprieta los ijares, alborota la calle y pónenos a entrambos en escena.
-Pos bien -continuó ésta en grave actitud y colocándose ambos puños en los ijares-...
me falta el aliento... La inhumana espuela destroza los ijares del caballo; brotan sangre. La febril conmoción del jinete es excesiva...
Quiera el cielo que tengas el valor de pasar sin detenerte por el umbral de tu abandonada amiga, y los pies no desmientan tu resolución; lo tendrás, si lo quieres con firmeza; mas entonces es preciso que aceleres el paso, y claves las espuelas en los ijares del rápido corcel.
Las mujeres estornudarían. El viejo, regocijadísimo, prorrumpiría en carcajadas y se apretaría con ambas manos los ijares. Luego les ofrecería un polvito a los perros.
Con que hasta la vista, señoras, -y taconeando fuertemente en los ijares de su cabalgadura se alejó rápidamente de la entreabierta ventana.
Clavóle los acicates en los ijares al bicho, arreglóse el calañés, escupió por el colmillo, y, entonando una rondeña, partió a galope tendido.
Salió con ella a la quintana, le puso la cabezada, montó, a pelo, de un brinco y, sin despedirse, apretó los ijares de la bestia para emprender la marcha...
¿Por qué había cólera en el movimiento de la brida que lo conducía? Y lo que era peor aun, ¿por qué inusitados golpes de acicate, venían de vez en cuando a lastimar sus lucientes ijares?
Nuestros caballos, extenuados por jornada tan penosa, alargaban el cue-llo, que se bajaba y se tendía en un vaivén de sopor y de cansancio: Con los ijares fláccidos y ensangrentados, adelantaban trabajosamente enterrando los cascos en la arena negra y movediza.