Ejemplos ?
¿Que aun repliquéis, ladronazo? Idos, pero no os suceda que yo os vuelva a ver, y ahora agradeced que no os llevan adonde en una horca paguéis vuestro delito.
Y volviendo al pórtico, echó afuera a los troyanos, increpándolos con injuriosas palabras: —¡Idos enhoramala, hombres infames y vituperables!
Cantarina fuente de la Fuente Carmen llevó sus labios emanando rosas a los misterios de alquitranes idos en el silencio de tejidos versos.
Andad, no entréis más aquí. SANTILLANA Porque digo... DOÑA BERNARDA Ganapán, idos luego. SANTILLANA Ya se van. DOÑA BERNARDA ¡Atrevido!
SANTILLANA ¿Buen talle? DOÑA BERNARDA Sí. DOÑA BERNARDA ¡En verdad que es gentilhombre! Idos con Dios... Esperad. Volved; decidle...
Como las vuestras han sido malas, pues me habéis estado engañando adulándome, idos y os prohíbo volváis a poner los pies en palacio.
Ahora bien; si queréis, caro príncipe, casaros conmigo, idos por el mundo y no volváis hasta que podáis ofrecerme un pequeño caudal ganado por vos, una flor descubierta por vos, una relación de vuestros viajes escrita por vos.
Cuando quisiéredes, podéis tomar su entera posesión, y creo será con su gusto, porque es discreta y sabrá ponderar la amistad que le hacéis, que no la quiero llamar meced, sino amistad, porque me quiero alzar con el nombre de que yo sola puedo hacerle mercedes. Idos a descansar y venidme a ver mañana, que quiero más particularmente oír vuestras hazañas.
Y como una de las tales es la sustracción de la cuantía del salario a la libre concurrencia, en tanto se fija uno mínimo que -según el criterio ya expuesto por Zuiedineck- «baste para la manutención corporal y mental del obrero y de su familia», paso a justificar -basándome en la prueba demográfica- que no son obvias las razones eugénicas que aconsejan a la organización obrera a persistir en ese empeño, aún cuando los partidarios del ascetismo -políticos, burócratas y capitalistas- digan que se necesita muy poco para ser feliz y rememoren, con felino halago, aquellos «buenos tiempos» idos del industrialismo de «horca y cuchilla».
Con sus mugieres en braços demuéstranles amor: ¡mal ge lo cunplieron quando salíe el sol! Mandaron cargar las azémilas con grandes averes; cogida han la tienda do albergaron de noch, adelant eran idos los de criazón.
Y como si le dispararan de un arcabuz en figura de trasgo se apareció entre los dos otro hombrecillo que parecía astilla de Arbalias, y no hacía sino chillar y bullir. Díjole el viejo con una voz muy honrada: -Idos a enfadar a otra parte, que luego vendréis.
Indescriptibles recuerdos de tiempos ya idos, palpitan para mí en las páginas del precioso libro, y por ello convendrá usted conmigo en que soy el juez más desautorizado y menos competente para hablar de su mé- rito literario, con tranquilo é imparcial criterio.