idolatría


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idolatría

1. s. f. RELIGIÓN, ANTROPOLOGÍA Culto dado a un ídolo colecciona con idolatría y devoción todas las fotos de su cantante preferido.
2. Amor o admiración desmedida que se siente por una persona o cosa le tenía una idolatría casi rayana en la obsesión. odio

idolatría

 
f. Adoración de los ídolos.
fig.Amor excesivo a una persona o cosa.

idolatría

(iðola'tɾia)
sustantivo femenino
1. práctica religiosa en que se rinde culto a un ídolo la idolatría de los pueblos indígenas
2. amor excesivo que se sienten por una persona o cosa Sentía idolatría por su familia.
Sinónimos

idolatría

sustantivo femenino
Traducciones

idolatría

idolatry, idolworship

idolatría

Idolatrie

idolatría

idolâtrie

idolatría

Idolatria

idolatría

Bałwochwalstwo

idolatría

Идолопоклонничество

idolatría

偶像崇拜

idolatría

偶像崇拜

idolatría

afgudsdyrkelse

idolatría

偶像崇拝

idolatría

avgudadyrkan

idolatría

SFidolatry
Ejemplos ?
No pusieron los romanos aquel bulto en el Capitolio tanto para imagen de Junio como para consejo de bronce de Marco Bruto. Fuera ociosa idolatría si sólo acordara de lo que hizo el muerto y no amonestara lo que debía hacer al vivo.
Pues bien; Guido y Balcarce, asumiendo una actitud evidentemente pasible de responsabilidades, siguieron la negociación que culminaría en el Tratado de agosto y explicaban su decisión de desobediencia diciendo a Dorrego “ que cuanto mayores sean esos progresos (aludían a los de Rivera) más derechos creerán haber adquirido los orientales para conquistar una independencia que sin esos títulos nuevos ha sido siempre el objeto de su idolatría ”.
SANCHO MONTERO: Pues bien, Estrella, si me amas y si confianza alguna te inspira la idolatría que mi pasión te tributa; en vez de guardar la reja de una sorpresa importuna, guarda la puerta a su cuarto, y cuanto digan escucha.
Mi corazón abiertos en el espacio de mi pecho te tiene templo y palacio; en su palacio vives de mí señora, e idólatra en su templo mi alma te adora. Perfumero de eterno vital perfume, faro que en mi alma nunca su luz consume, ¡sal, vida mía, a que su ídolo adore mi idolatría!
0;ga usted mi historia. Yo era joven, y este gato que ve usted empajado era mi com- pañero y mi idolatría. Casi todo el santo día lo pasaba sobre mis faldas, y la noche sobre mi almohada.
¡Notable acción fue la de Casio, mirar la estatua de Pompeyo y pedirla ayuda! Ésta fue idolatría de la ira, al agravio. Persuádase el que hace morir a otro, que podrá derramar su sangre, mas no acallarla.
Y no conocían ninguna seta ni idolatría, saluo que todos creen que las fuerças y el bien es en el cielo, y creían muy firme que yo, con estos nauíos y gente, venía del cielo y en tal catamiento me recebían en todo cabo, después de hauer perdido el miedo.
¡Te idolatro, vida mía!, y la ciega idolatría con que te ama mi pasión, al amor más verdadero sobrepuja en tanto grado, que igual nunca ha germinado en humano corazón.
Necesitaba celebrar con ella varias entrevistas; rogaba que fuesen confiados papeles y apuntes que me permitiesen dar a mi obra el atractivo y el realce del dato inédito; quería escribir acerca de Sofías y su labor admirable, algo distinto y un poco mejor, o, al menos, inspirado en idolatría más profunda, que otras biografías y artículos.
Y en segundo lugar, concluyo: que no existe un público único, invariable, juez imparcial, como se pretende; que cada clase de la sociedad tiene su público particular, de cuyos rasgos y caracteres diversos y aun heterogéneos se compone la fisonomía monstruosa del que llamamos público; que éste es caprichoso, y casi siempre tan injusto y parcial como la mayor parte de los hombres que le componen; que es intolerante al mismo tiempo que sufrido, y rutinero al mismo tiempo que novelero, aunque parezcan dos paradojas; que prefiere sin razón, y se decide sin motivo fundado; que se deja llevar de impresiones pasajeras; que ama con idolatría sin porqué...
Si el padre no apreciaba aquella hija, aquel tesoro, si prefería a las fruiciones santas los miserables devaneos, el abuelo, el tío, la madrina, los amigos, todos, competían con la madre en aquel afecto entrañable, que más que afecto semejaba idolatría.
La dicha la transformaba; el empresario tuvo que subirle el sueldo para el abono supletorio; no se hablaba sino de ella, y hubo noche en que se la hizo salir a la escena «diecisiete» veces después del «rondó» de Lucía... Y en medio de este frenesí, de este halago, de esta idolatría de todo un pueblo, llegó la noche memorable del beneficio.