ideólogo

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ideólogo, a

1. s. POLÍTICA, SOCIOLOGÍA, FILOSOFÍA Persona que organiza y elabora una doctrina, especialmente política o religiosa. pensador
2. FILOSOFÍA, SICOLOGÍA Persona que se entrega a las ideas abstractas y no atiende a la realidad.

ideólogo, -ga

 
m. f. Persona que profesa la ideología.
Persona ilusa, soñadora.
Persona que formula ideología o contribuye a su perfeccionamiento.

ideólogo, -ga

(iðe'oloγo, -γa)
sustantivo masculino-femenino
persona que teoriza sobre una cuestión política, social o religiosa el ideólogo de una reforma constitucional
Traducciones

ideólogo

ideoloog

ideólogo

ideolog

ideólogo

/a SM/Fideologist
Ejemplos ?
Tal vez alguien diga que son estas afirmaciones gratuitas del sesgo acostumbrado siempre y conocido a la vanidad de los ideólogos.
Y es de justicia, y de legítima ciencia social, reconocer que, en relación con las facilidades del uno y los obstáculos del otro, el carácter norteamericano ha descendido desde la independencia, y es hoy menos humano y viril, mientras que el hispanoamericano, a todas luces, es superior hoy, a pesar de sus confusiones y fatigas, a lo que era cuando empezó a surgir de la masa revuelta de clérigos logreros, imperitos ideólogos, e ignorantes o silvestres indios.
Las ideologías explican los hechos vulgares, y si en España no se hace caso de los ideólogos es porque éstos han dado en la manía de empolvarse y engomarse, de "academizarse", en una palabra, y no se atreven a hablar claro por no desentonar, ni a hablar de los asuntos del día por no caer en lugares comunes.
Asimismo surge una tendencia que se anticipa en la escena cultural e ideológica, moviéndose entre posiciones revolucionario-democráticas (José Martí), democrático liberales (Rodó), democrático nacionalistas (Ugarte), democrático conservadoras (Vasconcelos). A estas figuras se suman ideólogos de un socialismo teñido de liberalismo, como Juan B.
Una Nación puede atravesar una temporada larga o corta de decadencia o ventura, ello no marca la validez de su existencia; como si los méritos o deméritos calificaran si un país debe existir o no existir, según es un argumento que siempre quieren aprovechar los ideólogos de la dominación y sus corporaciones, para atribuirse la facultad de calificar si unas naciones tienen validez o si su Estado es fallido; porque eso no es posible encasillar a capricho de cualquier analista de la historia y la política, encargado por la plutocracia mundial.
Diversos autores se refieren al arsenal teórico moderno que emplearon los ideólogos del liberalismo, pero pocos han explicado satisfactoriamente en qué reside el aporte original del pensamiento latinoamericano al empeño de “conocer para transformar” la realidad nacional de países que enfrentaban un mismo imperativo histórico: superar la herencia colonial.
Pese a sus diferentes trayectorias, las concepciones liberal-moderadas fueron patrimonio común de hombres como Manuel Belgrano (1770-1820), Carlos de Alvear (1789-1853), José de San Martín (1778-1850) y Bernardino Rivadavia (1780-1845), ferviente partidario este último de las doctrinas de Bentham y los ideólogos franceses.
Y a ellos se suman los ideólogos sin Partido, con o sin torre de marfil, inconformes con nuestra realidad, que en mi caso, una especie de intelectual político, encontraron ocasión para desahogar sus inconformidades y aun sus problemas de personalidad.
Salvo excepciones –como la de aquellos que militaron en la sociedad “La Igualdad” de Chile, o estuvieron vinculados a las “Sociedades Democráticas”, formadas por los artesanos de Bogotá en Colombia-, se trataba de ideólogos separados de las masas populares, profetas que clamaban en el desierto, sin posibilidades de organizar movimientos o partidos capaces de hacerse sentir en la arena política.
Sus conquistas y su gallardía no son historia libresca, celebración alegórica o declaración de ideólogos; vienen de tiempos remotos y son sustento y sustancia de nuestra proyección transcendente; las vemos en el campo, en la ciudad, en las fábricas, en las casas, en las calles y en las caras del pueblo.
Las fábricas de altos hornos en mi país, y las de remolacha en el de usted, harán mucho más que lo que pudiese hacer un ejército de ideólogos como usted y yo.
Los autores materiales de los hechos, los instigadores y los ideólogos son responsables, pero si algo hemos sacado en claro de esta Comisión es que más allá de los hechos irrefutables y de las vidas truncadas, se han cometido errores e imprevisiones que a fecha de hoy siguen sin asumirse.