idólatra


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idólatra

(Del gr. eidolatres.)
1. adj./ s. m. y f. RELIGIÓN, ANTROPOLOGÍA Que adora la imagen de una deidad los pueblos prehistóricos eran idólatras.
2. Que admira o ama a una persona o cosa exageradamente sus idólatras seguidores le rendían un culto exagerado.

idólatra

 
adj.-com. Que adora ídolos.
adj. fig.Que ama a una persona o cosa con idolatría.

idólatra

(i'ðolatɾa)
abreviación
1. persona que rinde culto a un ídolo una tribu idólatra
2. persona que admira con exceso a otra o a una cosa Los adolescentes son idólatras de las estrellas del mundo de la música.

idólatra


sustantivo
1. persona que rinde culto a un ídolo un pueblo de idólatras
2. persona que admira con exceso a otra o a una cosa los idólatras del consumo
Sinónimos

idólatra

adjetivo y cosustantivo masculino
Traducciones

idólatra

idolatra

idólatra

idólatra

idólatra

A. ADJidolatrous
B. SMFidolator/idolatress
Ejemplos ?
Yo te amo y nunca tu imágen Del corazon se me borra. Y á las caricias tornaron, Y á las confianzas propias, De quien idólatra encuentra Siempre firme á quien adora.
(153) Iba tras de las devotas A las iglesias rezando; Con opulentas tratando Gastaba con manos rotas. Donde habia un padre viejo Idólatra del honor, Por la palabra menor El duelo era su consejo.
¡mujeres!, ¡mujeres!, ¡no podéis callar ni aun a precio de vuestra vida!; ¡mujeres que profesáis, por la charla idólatra, culto!: ¡mujeres que… mujeres a quienes es preciso aceptar como sois!
¿Dónde andaban los germanos ni qué eran cuando el poderoso rey Salomón, mi pariente, erigía suntuoso templo al Dios único? Creado su concepto en la mente de los hombres de mi casta, por ellos fue revelado al resto del humano linaje, idólatra y ciego.
Pero por mas que los maldiga, es indispensable convenir en que es imposible que subsista una sociedad, sin que cada miembro pague alguna cosa para los gastos de esta sociedad: y pues que todo el mundo debe pagar, es necesario que haya quien lo recaude; y no se ve porqué este recaudador será maldito y considerado como un idólatra.
Ni una idólatra de la materia como doña Juana, ni una poetisa sin suscritores como Saffo, ni una virgen clorótica como la Luna, puede ofrecerte el tesoro de amor que encontrarás en una fea.
La misma excepción a la ley se encuentra más tarde en el templo de Salomón: aquel príncipe hace esculpir doce bueyes que sostienen el gran estanque del templo; se colo­can unos querubines en el arca; tienen una cabeza de águila y una de becerro; es, probablemente, esta cabeza de becerro mal hecha, encontrada en el templo por los soldados romanos, lo que hizo creer durante mucho tiempo que los judíos adoraban a un burro. En vano se prohibe el culto a los dioses extranjeros; Salo­món es tranquilamente idólatra.
-exclamó Caín en un tono religioso impropio de su volterianismo. Y al incorporarse para admirar, quedó en cuclillas como un idólatra ante un fetiche.
Levantóse Jacob y tomó el canto que había tenido por cabecera, levantóle, y le fijó como padrón para perpetua memoria de los siglos venideros; derramó aceite sobre él, y puso por nombre a aquel lugar Bethel, o casa de Dios.» Estas expresiones encierran, una profecía, y no debemos entender que, como idólatra, derramó aquí el aceite Jacob sobre la piedra, consagrándola como si fuese Dios, porque ni adoró a la piedra ni la ofreció sacrificio, sino que así como el nombre de Cristo se deriva de crisma, esto es, de la unción, sin duda figuró aquí algún misterio que pertenece a este grande Sacramento.
Y el mundo que es del oropel idólatra, que no ve más allá de su nariz, dice, atendiendo a mi festiva cháchara: -¡Pues, señor, este prójimo es feliz!
Por el concurso unánime de vuestras voluntades me elegisteis Jefe provisional para la empresa de la santa causa de la Federación en esta Provincia; y heme aquí a la cabeza de este honroso movimiento, resuelto con toda la abnegación del patriotismo, con toda la energía y ardor de un alma libre, con todo el noble orgullo de un militar ciudadano idólatra de su patria, dispuesto a arrostrar alegre y sereno a vuestro lado los azares de la campaña que hoy se abre a nuestros esfuerzos.
Aún hay más: el Señor ordenó a Jeremías que se pusiese unas cuerdas en el cuello, collares, yugos y que se los enviase a los reyezuelos o melchim de Moab, de Ammon, de Edom, de Tiro, de Sidón; y Jeremías les dice de parte del Señor: «He dado todas vuestras tierras a Nabucodonosor, rey de Babilonia, mi servidor». He aquí un rey idólatra declarado servidor de Dios y su favorito.