Ejemplos ?
(171) Pero el cáñamo vil con un crujido Turbó el piadoso fúnebre homenage y anunció desde el alto barandaje Nuevos horrores que mirar despues.
Me prepararon una cama en la cocina, y me acosté pronto, pero los horrores de la noche anterior, vivos aún en mi espíritu, me impedían coger el sueño.
Por un momento creí haber logrado escapar de tantos horrores, pero al volverme vi con terror que era seguido por los dos ahorcados.
Mejor es que renuncies. Me harías sufrir mucho, pues no puedo soportar estos horrores. Juan besó la mano al bondadoso Monarca, y le dijo que sin duda las cosas marcharían bien, pues estaba apasionadamente prendado de la princesa.
Y por supuesto que habían padecido los horrores de la humillación, del desprecio, de la envidia; de todo aquello que la animalidad humana utiliza para frenar a las mentes creadoras y a los espíritus sensibles.
Aquella audacia de mis primeras obras, aquel ímpetu mío, siempre en lucha, siempre en desacuerdo con el medio, ya en la ciudad, diciendo horrores de la ‘’degeneración de los poetas ‘’afeminados’’; ya en los llanos, corriendo peligrosas aventuras, todo eso que a sus ojos me magnificaba, fue acentuando en ella cierta privilegiada atracción hacia mí, lucia todo lo mío.
El faraón Nefrén-Ka edificó un templo con una cripta sin ventanas donde alojar la piedra, y cometió tales horrores que su nombre ha sido borrado de todas las crónicas y monumentos.
Los horrores de la conquista, las guerras de pizarristas y almagristas, y las vilezas de Godi- ncs, en las revueltas de Potosí, reflejan, sobre los tres siglos que han pasado, como creaciones de una fantasía calenturienta.
Habrá quizá más fusilamientos, más consignaciones al ejército, más encarcelamientos, más persecuciones, y con todo ello la revolución será más potente, más audaz, más inexorable. Vengan los horrores de la represión; el miedo se acaba, la rebeldía contestará con la acción.
Mi nombre es Diego Marsilla, y cuna Teruel me dió, pueblo que ayer se fundó, y es hoy poderosa villa, cuyos muros, entre horrores de lid atroz levantados, fueron con sangre amasados de sus fuertes pobladores.
Cierto que en aquella época ocurrían también muchas cosas repugnantes y horribles, como el suplicio de la rueda, y el derramamiento de sangre; pero todos aquellos horrores tenían algo de atrayente, de estimulante.
El govierno republicano, el Democrático en que manda el Pueblo por medio de sus representantes o Diputados que elige, es el único que conserva la dignidad y magestad del Pueblo: es el que mas acerca, y el que menos aparta a los hombres de la primitiva igualdad en que los ha creado el Dios Omnipotente; es el ménos espuesto a los horrores de despotismo, y de la arbitrariedad; es el mas suave, el mas moderado, el mas libre, y es, por consiguiente, el mejor para hacer felices a los vivientes racionales.