Ejemplos ?
—el hombrecillo escuchaba atento—... Es como un hilo, pequeño como un renacuajo y tiene los ojos de triste hormiga y el cabello de mono.
Las hormigas exclaman Moviendo sus antenas: Te mataremos; eres Perezosa y perversa. El trabajo es tu ley. Yo he visto a las estrellas, Dice la hormiga herida. Y el caracol sentencia: Dejadla que se vaya.
¡La hormiga traerá pedacitos de pan al elefante encadenado a su brutal delicadeza; volverán los niños abortados a nacer perfectos, espaciales y trabajarán todos los hombres, engendrarán todos los hombres, comprenderán todos los hombres!
CAPÍTULO IX Cuando recobré el sentido, aturdido como estaba, me di cuenta que me encontraba en una tenebrosa cueva y lo que descubrí fue pavoroso: una hormiga roja que para mi tamaño era tan grande como un león, me vigilaba con sus ojos saltones y sus antenas se movían veloces como para comunicar a otras de su especie, su hallazgo.
Ya se encontraban muy cercanas, cuando sentí que mi cuerpo comenzaba a estirarse y hacerse más grande, más grande hasta que la descomunal hormiga quedó ahí abajo muy pequeña.
En los labios le rebosaban los versos robustos; en la mano le vibraba acaso la espada de la libertad, –que no debiera, por cierto, llevar jamás espada; –en el espíritu la punzante angustia de vivir sobrado de fuerzas sin empleo, que es como poner la savia de un árbol en el corpecillo de una hormiga.
Un padrecito de la villa de Tunja cogía muchas asina, y las amarraba de la pata di'una mesa; ¡pero la cocinera del cura era tan boba que les daba güevo tibio, y las malditas s'embarcaban en la coca! ¡Consiá, cuandu'a las brujas no se les puede ni an mentar coqu'e güevo porqui al momentico se güelven ojo di hormiga..
"La cuarta cosa -dijo Peralta sumamente fresco- es que Su Divina Majestá me dé la virtú di achiquitame a como a yo me dé la gana, hasta volveme tan chirringo com'una hormiga".
Y lo que más le importa es hacer que nosotras cometamos a cada paso tan cruel y perverso pecado; y todo esto lo permite Dios por nuestros pecados, que sin su permisión yo he visto por experiencia que no puede ofender el diabo a una hormiga...
Con darte todo al bien de los humanos No contento tu celo, Supo unir a los nobles ciudadanos Para felicidad del patrio suelo. La hormiga codiciosa Trabaja en sociedad fructuosamente, Y la abeja oficiosa Labra siempre ayudada de su gente.
Por fortuna, el Libertador era hombre de no asustarse con duendes ni musarañas, y fue tan sagaz y hábilmente desenredando la madeja, que a la postre llegó a sacar en limpio que el origen de todo el caramillo estaba en la candorosidad del marqués de Santa Sofía del Real Secreto y barón de Bobaliche, quien de una hormiga había hecho un elefante.
Al otro día asistió a todas las funciones, pero no alzó a ver a nadie ni pronunció una palabra. No bien terminaron las solemnidades se volvió ojo de hormiga.