Ejemplos ?
Belém, Pará – Sociedade Brasileira de Geologia 52-60 (en portugués) FERREIRA, A.; HORITA, N; - 1995 – A redescoberta do ouro: como se formou o mercado moderno de ouro no Brasil.
Joseíto se incorporó bruscamente, y cuando aquél penetró en la habitación: -No puées tú figurarte lo que me alegro de verte -le dijo-, poique es que yo ya no pueo seguir asina ni una horita más; yo necesito ver a mi Rosalía o que mi Rosalía se venga, y, sobre to, que con eso de mi Rosalía to lo veo yo una miajita turbio, y sa menester que tú me platiques la verdá y que me digas si es que mi jembra está más peor, poique pa mí que tiée que estarlo, cuando ella no se ha arrancao ya por carceleras y se ha vinío a mi querencia.
¡Y cómo al morir no tenía boca más que pa llamar a su Joseíto...! ¡Probetica mía, y en qué horita más sin luz que la puse yo en la vía!
Iba derecho al café de las Américas, el mejor. De muchacho, le costaba un triunfo y era una calaverada el pasar media horita en el café de las Américas.
Desde aquella tarde encontré en Paita un atractivo, y nunca fui a tierra sin pasar una horita de sabrosa plática con doña Manuela Sáenz.
En el hogar del canónigo ocurrían a menudo escenas como la siguiente: Volvía de decir la misa, y mientras arriaba los manteos y colgaba de un clavo gordo la canaleja, su débil estómago repetía con insinuante voz. «Es la horita del chocolate».
-Yo, sí, yo -murmuró sombríamente el viejo; y después, tras breves instantes de silencio, exclamó con acento reconcentrado-: Camará, y en qué horita más negra que escribí yo anoche esa carta maldecía.
Y la vieja, tras rendir aquel último tributo de admiración al Certero, continuó: -Pos bien, llegó el Joseíto a la ventana de Mariquita... probetica niña, ¡y qué horita que ha pasao...!
¡qué horita! aún está que se le sangra, y como si se sangrara a un difunto... pos bien, señó Paco, llegó el Certero y le chifló a María, y María que lo estaba aguardando jaciendo un pañuelo de croché, salió a la ventana y se pusieron a platicar como siempre y a decirse chuflas, porque el Joseíto, parneses no sé yo si tendría u no tendría, pero lo que es salero...
Algunos días de verano, unos rayos de sol entraban hasta la bodega, nada más que media horita, y entonces el pequeño se calentaba al sol y miraba cómo se transparentaba la sangre en sus flacos dedos, que mantenía levantados delante el rostro, diciendo: «Sí, hoy he podido salir».
Por supuesto que el galán se apareció con más oportunidad que fraile llamado a refectorio. El zapatero se puso inmediatamente a la obra, que le dio tarea para una horita.
Y se va, dejando como un rastro en la cubierta del navío las huellas húmedas de sus pies descalzos. Una voz femenina le grita desde lejos: -¡Ché, moreno!... -¡Voy, horita!... No me dilato.