horda

(redireccionado de hordas)

horda

(Del tártaro urdu, campamento.)
1. s. f. Grupo de gente armada que no pertenece a un ejército regular una horda de cosacos arrasó los poblados y asedió la ciudad.
2. Grupo de delincuentes o gamberros la manifestación en contra del código fue asaltada por varias hordas de incontrolados.
3. SOCIOLOGÍA, ANTROPOLOGÍA Conjunto de familias que forman una comunidad nómada unida por vínculos sociales y espirituales muy rudimentarios.

horda

 
f. sociol. Comunidad nómada que se distingue de la tribu por el carácter rudimentario de sus vínculos.
fig.desp. Grupo de gente armada que no pertenece a un ejército regular.

horda

('oɾða)
sustantivo femenino
1. comunidad nómada de vínculos sociales y espirituales rudimentarios La Gran Muralla se construyó para proteger China de los ataques de las hordas.
2. grupo de gente armada que no pertenece a un ejército una horda de mercenarios
3. grupo grande de personas que actúan sin moderación ni disciplina Una horda de adolescentes se abalanzó sobre la estrella musical del momento.
Traducciones

horda

орда

horda

horda

horda

Horde

horda

horde, gang

horda

hordo

horda

hord

horda

horde

horda

csorda

horda

orda

horda

무리

horda

horde

horda

horde

horda

horda

horda

horda

horda

hoardã

horda

oрда

horda

hord

horda

โขยง

horda

ordu

horda

орда

horda

bộ lạc du mục

horda

قوم

horda

Horde

horda

SFhorde
Ejemplos ?
Para mantener con honor nuestra integridad nacional y contener los cascos vandálicos de las hordas que arrasaron nuestros campos.
Otra cosa sería dejar en olvido la memoria de los asesinados de la forma más vil, en aquella época en que las hordas salvajes e inciviles habían asaltado el Gobierno de España.
Vosotros podéis salvar a la Patria, como la salvasteis, con el Rey a la cabeza, de las hordas mahometanas y, huérfanos de Monarca, de las legiones napoleónicas.
El día 14 de los corrientes dos vapores de guerra chilenos con ochocientos hombres de desembarco y apoyados por un considerable número de gentes depravadas por la miseria y el vicio, asesinos de cuchillo corvo, se han apoderado de nuestros indefensos puertos de Antofagasta y Mejillones, por sorpresa, sin previa declaratoria de guerra, sin tener en cuenta que la civilización condena los actos de bandidaje, más que los de las hordas de salvajes, si ellos se cometen por naciones y gobiernos que pretenden ser cultos.
Otras veces, era la vertiginosa carrera sobre las alas de un avestruz, al través del espacio inmensurable de la pampa, huyendo ante las hordas salvajes, que en numerosa falange perseguían al extraño jinete sobre sus veloces corceles, como una cacería fantástica.
ALUMNOS DE LA FACULTAD DE AGRONOMÍA Y VETERINARIA, EN PLENAS CLASES EN LA GRANJA “El CAMBIO” ACOMPAÑADOS POR SUS PROFESORES En 1941 el Pueblo Orense se levantó sobre un campo de ruinas, luego de que las hordas destructoras del bien y la justicia habían asolado su territorio provincial.
En las revoluciones de Castilla contra Echenique y de Prado contra Pezet hubo formidables y espontáneos levantamientos de provincias enteras, ejércitos sometidos a la disciplina y combates humanos aunque sangrientos; pero, en la guerra civil de 1894, los pueblos se mantuvieron en completa indiferencia y sólo vimos hordas de montoneros capitaneadas por bandidos, imponedores de cupos, taladores de haciendas, flageladores de reclutas, violadores de mujeres, fusiladores de prisioneros, en fin, bárbaros tan bárbaros al defender la risible legalidad del Gobierno como al proclamar el monstruoso engendro de la Coalición.
ARTÍCULO XXXII Ambas Partes Contratantes, teniendo en sus fronteras hordas de bárbaros que las hostilizan, robando sus propiedades y sacrificando las vidas de sus ciudadanos, han convenido en que, mientras acuerdan entre sí algún medio eficaz de remediar este gran mal definitivamente, si emprendiesen alguna expedición militar, se den previo aviso para tomar las precauciones convenientes á su seguridad.
La guerra nos devuelve las podres y las pestes del ultramar cristiano; el vértigo de horrores que trajo Atila a Europa con sus feroces huestes; las hordas mercenarias, los púnicos rencores; la guerra nos devuelve los muertos milenarios de cíclopes, centauros, Heracles y Teseos; la guerra resucita los sueños cavernarios del hombre con peludos mamutes giganteos.
La inmensa bondad de estas islas a-trajo a las hordas peruanas, las que se negaron abandonarlas hasta el último momento, pese a que todos sus productos fueron devorados con ansias rapaces, talando sus palmeras de cocos, sus plantas de sandías y algodón; porque los agresores comprendieron de que nada les pertenecía y sólo estaban posesionados transitoriamente para realizar actos de pillaje y atropello a la dignidad nacional.
Los individuos que integran esas hordas revolucionarias, cuyos desmanes tanto espanto causan, son sencillamente los hijos espirituales de catedráticos y profesores que, a través de instituciones como la llamada «», forjaron generaciones incrédulas y anárquicas.
Porque Grecia y Roma eran paganas; porque tenían altares para los vicios y cultos ostentosos para las pasiones; vicios y pasiones que, como la serpiente de la fábula, habían de envenenar el pecho en que se guarecían; vicios y pasiones que al cabo arrastraron a esos pueblos a una destrucción ignominiosa, entregándolos al pillaje y al desenfreno de las hordas de Atila.