hora de comer

Traducciones

hora de comer

lunchtime, mealtime

hora de comer

doba jídla, poledne

hora de comer

frokosttid, spisetid

hora de comer

Mahlzeit, Mittagszeit

hora de comer

lounasaika, ruoka-aika

hora de comer

vrijeme za jelo, vrijeme za ručak

hora de comer

ランチタイム, 食事時間

hora de comer

식사시간, 점심시간

hora de comer

lunchtijd, maaltijd

hora de comer

lunsjtid, spisetid

hora de comer

lunchdags, matdags

hora de comer

เวลาอาหาร, เวลาอาหารกลางวัน

hora de comer

yemek zamanı

hora de comer

giờ ăn, giờ ăn trưa
Ejemplos ?
¿Qué hay de nuevo?» De vuelta en casa se tendía en un canapé del salón, como un hombre abrumado de cansancio, aunque no tenía más que el de su propio peso. Hacía tiempo hasta la hora de comer yendo veinte veces del salón a la cocina, mirando la hora, abriendo y cerrando las puertas.
Es carne de mi carne, ungida con el óleo sagrado y misterioso de la inocencia amorosa; no tiene, por ahora, rudimentos de buena crianza, y su madre y yo, grandes pecadores, pasamos la vida tomando vuelo para educar a Rosina; pero aún no nos hemos decidido ni a perforarle las orejitas para engancharle pendientes, ni a perforarle la voluntad para engancharle los grillos de la educación a los dos años se erguía en su silla de brazos, a la hora de comer, y no cejaba jamás en su empero de ponerse en pie sobre el mantel, pasearse entre los platos y aun, en solemnes ocasiones, metió un zapato en la sopa, como si fuera un charco.
Español era él también, y su padre, y su madre; pero él no salía por las islas Lucayas a robarse a los indios libres: ¡porque en diez años ya no quedaba indio vivo de los tres millones, o más, que hubo en la Española!: él no los iba cazando con perros hambrientos, para matarlos a trabajo en las minas: él no les quemaba las manos y los pies cuando se sentaban porque no podían andar, o se les caía el pico porque ya no tenían fuerzas: él no los azotaba, hasta verlos desmayar, porque no sabían decirle a su amo donde había más oro: él no se gozaba con sus amigos, a la hora de comer...
Hay teatro allí, y lecherías, y una casa de anchos comedores, y criados de chaqueta negra, que pasan con las botellas de vino en cestos a la hora de comer, cuando los pájaros cantan en los árboles.
Cuando al día siguiente llegué a la hora de comer y la puerta de la calle se abrió, me encontré sumergido en un baño de vapor, perfumado de olor de cordero, que me hizo adivinar que no iba a ser yo el único invitado.
—Señores —dijo el duque—, quisiera que dejarais vuestras discusiones para la hora de comer y que estas horas destinadas a escuchar las narraciones no las empleaseis en sofismas.
y expirar como un viejecito, a quien había conocido pregonando: -¡Quesos de Villalón! ¡El quesero! -desde el lecho de muerte, y jurando y perjurando que ya era la hora de comer... No, aquello no era morir...
Y como que­ría estar convencido del punto justo a que lle­gaba esa oposición, anunció a la señora su vi­sita —y a la hora de comer, desde luego—, para el día siguiente.
El señor obispo dio las gracias muy complacido al señor cura por aquella advertencia, y, en efecto, convidó a quedarse a comer con él a los señores curas forasteros, que aceptaron el convite muy agradecidos al señor obispo y al dueño de la casa. Mientras llegaba la hora de comer, el señor obispo determinó ir a ver la casa de su ahijado el alcalde.
Don Sindulfo tenía un estómago de oro, y le entusiasmaba la comida de fonda, con salsas picantes y otros atractivos; Pérez tenía el estómago de acíbar, y aborrecía aquella comida llena de insoportables galicismos. Don Sindulfo soñaba despierto en la hora de comer; y D.
Se trataba, al fin, de algo importante: monsieur vendría a verlos mañana; hoy estaba atareado con tantos negocios, y sólo regresaría al hotel a la hora de comer...
«Usted mismo, que es capaz de espantarme con un palo...» «Nada de eso.» «Pues si no me pega usted, cónstele que voy..., a ver si me querrá usted tanto así cuando vea que soy una buena persona, aunque me esté mal el decirlo...; y yo también me convenceré de que usted no es un tirano, sino un barbián simpático y amable...» A la hora de comer, don Laureano rezongó entre los vapores de la sopa: -No sé por qué has de andar corriendo la fama de que soy raro...