Ejemplos ?
Ramiro se alegró de que todo hubiera salido con bien, más entre sí, pensaba que hubiera sido mejor otro hombrecito, para que cuando creciera le ayudara en las labores del campo.
Zepita, Junín, Ayacucho y su concurrencia al segundo sitio del Callao, en que raro fue el día sin cambio de confites de plomo, hicieron de nuestro hombrecito, a los veinte años cabales, todo un señor capitán con mando de compañía.
Como nunca había dibujado un cordero, rehice para él uno de los dos únicos dibujos que yo era capaz de realizar: el de la serpiente boa cerrada. Y quedé estupefacto cuando oí decir al hombrecito: — ¡No, no!
Era incom-prensible. Y el hombrecito se colocó de un momento a otro como la principal atracción científica y turística de la ciudad.
desde el grito primero que los marca con promesas de ser altos, grandes, paladines, dignos de la patria que los vio nacer y los verá nutrirse, crecer y en un de pronto, como toda mujercita, como todo un hombrecito, él a trabajar para ella y ella...
Tiene aspecto de humano, de homúnculo dirían los latinistas escolásticos; pero que no es ni hombrecito ni mujercita aún; ni por sus órganos genitales podría decirse más allá de la taxonomía zoológica: es macho; es hembra.
Era su paternidad un hombrecito regordete, ancho de espaldas, barrigudo, cuellicorto, de ojos abotagados, y de nariz roma y rubicunda.
Vestía, como un hombrecito, medias de seda negra, zapato con hebilla, calzón de raso azul, chupa de lo mismo, muy bordada de otros colores, y luenga casaca de terciopelo negro.
–Les digo que ese hombre no está muerto –exclamó irritado Ergueta, convencido de que los otros lo burlaban; pero el matador de piojos saltó de su lecho, se acercó a la otra cama, inclinóse sobre el hombrecito de cabeza redonda y de tal forma empujó el cuerpo inmóvil que éste, al caer, resonó opacamente en el piso de la sala, quedando entre las dos camas con las piernas hacia arriba, semejante a la horqueta de un árbol recién podado.
Fumaba una breva que le llenaba casi la boca, y el humo perfumado que aspiraba envolvió la cara del Año nuevo en sedante niebla. -¡Ea! -dijo con garbo el hombrecito-. ¡A echar fuera esos pensamientos negros!
Yo mismo cuando empecé a mudar voz y a ponerme ronco, lo que es idéntico a echarla de hombrecito que guiña a las polluelas, a pesar de que no me cautivaba la mano, sino el ojo picarón y prometedor que tras el manto fulguraba, solía exclamar: «¡Vaya una reina para alhajada!
Tienen hijos de todas edades, desde el hombrecito cuyos labios empiezan a criar vello, hasta la criatura cuyo pudor no exige todavía más que una camisita, y que se siguen de año en año, con una regularidad de majada estacionada.