hombrecillo

hombrecillo

s. m. BOTÁNICA Lúpulo, planta.

hombrecillo

 
m. Dim. de hombre.
Traducciones

hombrecillo

SM
1. (= persona) → little man, little fellow
2. (Bot) → hop
Ejemplos ?
Mas quién sabe por qué, aquella mañana llegó muy contrariado. Estaba decidido a demostrarles a los que hasta entonces se habían burlado de él, que no era un indefenso e inútil hombrecillo.
Godinot Chevassut era un hombrecillo regordete que empezaba a encanecer, y se alegraba mucho de ello, al revés de lo que ocurre normalmente con los viejos, porque al blanquearse sus cabellos perderían necesariamente aquel color encendido que tenían de nacimiento y que le había valido el desagradable mote de Rousseau, que sus conocidos sustituían por el suyo propio, por ser más fácil de pronunciar y de recordar.
Presentósele entónces un hombrecillo que era semi-mago, el qual le dixo: La grande obra se va á cumplir, y Zerdust ha vuelto á la tierra; por tanto os rogamos que nos ampareis contra el Gran Lama.
El tío Carmelo era un hombrecillo de unos cincuenta y tantos años, de faz descarnada y cínica -la faz que presentan las calaveras, que es sabido que, a su modo, ríen siempre-.
Un rumor confuso mezclado de imprecaciones y de metálicos ruidos salía por bocanadas de la cámara inmediata, cuya puerta custodiaba un hombrecillo rechoncho, colorado de fisonomía jovial, que se cuadró para dar paso a los recién venidos, sonriéndoles con un guiño de significativa expresión.
De repente el bufón, que era un hombrecillo de la estatura de un niño de dos años, con una cabeza descomunal y una joroba enorme, se detuvo ante Enrique y le dijo tratándole con la familiaridad que le era propia: -Había una vez un gran señor que tenía frecuentes accesos de melancolía.
-Juan -exclamó el hombrecillo, dirigiéndose al recién llegado- lleva este chico a la compuerta número doce, reemplazará al hijo de José, el carretillero, aplastado ayer por la corrida.
Era un hombrecillo menudo, todo chillido, que parecía que rezumaba de palabras por todas sus conjunturas, zambo de ojos y bizco de piernas, y me parece que le he visto mil veces en diferentes partes.
En otro sillón estaba sentado un hombrecillo enclenque, de color de aceituna que guardaba una quietud absoluta, inquietante, inverosímil, y por entre aquellos cuatro individuos, de miserable y dolorosa apariencia, se paseaba a grandes pasos por el salón un fantástico personaje, desmesuradamente largo y flaco, de aspecto caricatural, que se retorcía con furia los pelos de larguísimo bigotillo encerado y cuyos gestos sacudidos seguían con indulgente solicitud los ojos de un hombre de treinta años, vestido con refinada elegancia, pero en cuya delicada y hermosa fisonomía, de una palidez extraña, se leían los signos de definitivo e irremediable agotamiento.
Es un hombrecillo grueso, con una cabeza cómicamente calva y grandes gafas de oro; un personaje entre médico y notario pueblerino.
Los tumbadores fumaban silenciosamente entre las hileras de vagonetas vacías, y el capataz mayor de la mina un hombrecillo flaco cuyo rostro rapado, de pómulos salientes, revelaba firmeza y astucia, aguardaba de pie con su linterna encendida junto al ascensor inmóvil.
Fuese y púsoseme delante enfrente de mí un hombrecillo que parecía remate de cuchar, con pelo de limpiadera, erizado, bermejizo y pecoso.