hado

(redireccionado de hados)
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hado

(Del lat. fatum, predicción, oráculo.)
1. s. m. Fuerza sobrenatural que influye y decide sobre los sucesos y las vidas de las personas el hado hizo que nos encontráramos seis años después. destino, fatalidad, providencia, sino
2. MITOLOGÍA Divinidad de la mitología romana que regía el destino de los demás dioses, las personas y las cosas.

hado

 
m. filos. Serie de causas tan encadenadas unas con otras, que necesariamente producen su efecto.
Destino.
hist. relig. En la religión romana se empleaba esta palabra para indicar lo dicho por la divinidad.
rel. Lo que, conforme a lo dispuesto por Dios, nos sucede en el decurso del tiempo.

hado

('aðo)
sustantivo masculino
divinidad o fuerza desconocida que se cree rige la vida de las personas Fue con un una pitonisa para consultar los hados.
Sinónimos

hado

sustantivo masculino
destino*, fortuna, fatalidad, estrella, sino.
Los nombres populares estrella y sino (signo) proceden de la Astrología.
Traducciones

hado

съдба

hado

命运

hado

命運

hado

SM (frm) → fate, destiny
Ejemplos ?
Ellas, entonces, con clarísona voz empujando los vellones, 320 tales hados vertieron en una divina canción, en una canción de perfidia que después ninguna edad acusará.
La misma necesidad obligó a los dioses, porque un irrevocable curso lleva con igualdad las cosas humanas y las divinas. Que aquel formador y gobernador de todas las cosas escribió los hados, pero síguelos: una vez lo mandó y siempre lo ejecuta.
Señor Presidente, yo conservo de antiguo una impresión tocante, acaso imborrable, que sentí leyendo un discurso propagandístico de Jorge Elzear Gaitán, el excelso tribuno popular colombiano, sacrificado a los Hados de la República en 1948.
Habíase ajustado al ejemplo de tu modestia; porque cuanto eres de esplendor a tu linaje, le eres de carga para que te imite, y él satisfizo a esta obligación. ¡Oh duros hados nunca justos con las virtudes!
Y de allí levantado veré los movimientos celestiales, así el arrebatado como los naturales, las causas de los hados, las señales.
Siempre te seguirá mi pensamiento: Morir quiero mil veces cada dia, Antes que no vivir sin tí en tormento; Pues quando de te amar tuve osadia, Tan cierto y breve ví mi perdimiento, Que me dixéron luego allí mis hados: Llorad sin descansar, ojos cansados.
Ahora, ni sé donde estoy, ni quién es mi dueño, ni adónde han de dar conmigo mis contrarios hados, por lo cual os ruego, señor, siquiera por la sangre que de cristiano tenéis, me aconsejéis en mis trabajos; que, puesto que el ser muchos me han hecho algo advertida, sobrevienen cada momento tantos y tales, que no sé cómo me he de avenir con ellos.
Regocijémonos, pues, todos con lo que nos da, y volvámoslo cuando nos lo piden. Los hados comprenderán a unos en un tiempo y a otros en otro, pero a nadie dejarán libre.
Pregunto más: si hay tanta distancia de tiempo en el nacimiento de los mellizos, que por ello sea preciso sucederles diferentes constelaciones por el horóscopo diferente, y por esto resultan distintos todos los ángulos cárdines, a los cuales atribuyen un influjo tan particular, que de ellos quieren procedan diferentes hados y suertes, ¿por dónde pudo suceder esto, pues la concepción de ellos no pudo ser en diferente tiempo?
Quisieron mis hados, o por mejor decir mis pecados, que una noche que estaba durmiendo, la llave se me puso en la boca, que abierta debía tener, de tal manera y postura, que el aire y resoplo que yo durmiendo echaba salía por lo hueco de la llave, que de canuto era, y silbaba, según mi desastre quiso, muy recio, de tal manera que el sobresaltado de mi amo lo oyó y creyó sin duda ser el silbo de la culebra; y cierto lo debía parecer.
Yo en nada soy forzado, y nada padezco contra mi gusto, ni en esto os hago servicio: confórmome con vuestra voluntad, conociendo que todas las cosas corren por una cierta ley promulgada para siempre.» Los hados nos guían, y la primera hora de nuestro nacimiento dispuso lo que resta de vida a cada uno: una cosa pende de otra, y las públicas y particulares las guía un largo orden de ellas.
Laméntese también de las cenizas de Cartago, Numancia y Corinto, y si alguna otra cosa hubo que cayese de mayor altura; pues aun lo que no tiene donde caer, ha de caer. Salga asimismo otro, y quéjese de que los hados (que tal vez se han de atrever a empresas inefables) no le perdonaron a él.