hado


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hado

(Del lat. fatum, predicción, oráculo.)
1. s. m. Fuerza sobrenatural que influye y decide sobre los sucesos y las vidas de las personas el hado hizo que nos encontráramos seis años después. destino, fatalidad, providencia, sino
2. MITOLOGÍA Divinidad de la mitología romana que regía el destino de los demás dioses, las personas y las cosas.

hado

 
m. filos. Serie de causas tan encadenadas unas con otras, que necesariamente producen su efecto.
Destino.
hist. relig. En la religión romana se empleaba esta palabra para indicar lo dicho por la divinidad.
rel. Lo que, conforme a lo dispuesto por Dios, nos sucede en el decurso del tiempo.

hado

('aðo)
sustantivo masculino
divinidad o fuerza desconocida que se cree rige la vida de las personas Fue con un una pitonisa para consultar los hados.
Sinónimos

hado

sustantivo masculino
destino*, fortuna, fatalidad, estrella, sino.
Los nombres populares estrella y sino (signo) proceden de la Astrología.
Traducciones

hado

съдба

hado

命运

hado

命運

hado

SM (frm) → fate, destiny
Ejemplos ?
A éste único exceptúo, según creo púdicamente, que si a ti una mala mente o un furor insensato a tan gran culpa te empujara, canalla, de que nuestra cabeza con trampas provoques, ay, entonces pobre de ti y de mal hado, a quien, tirándote de los pies y abierta la puerta, te recorrerán rábanos y berenjenas.
-No me parece mal remedio ese -dijo Cortado-, pero advierta vuesa merced no se le olviden las señas de la bolsa, ni la cantidad puntualmente del dinero que va en ella; que si yerra en un ardite, no parecerá en días del mundo, y esto le doy por hado.
Ahora eres juntamente de breve vida y el más infortunado de todos. Con hado funesto te parí en el palacio. Yo misma iré al nevado Olimpo y hablaré a Zeus, que se complace en lanzar rayos, por si se deja convencer.
Los ingenios flojos y soñolientos, cuyo desvelo, parece sueño, están forjados de elementos débiles; pero para formar un varón que se deba llamar vigilante, es necesario hado más fuerte.
A su vez, la hija de Zeus, la gloriosísima Tritogenea, recorría el ejército aqueo y animaba a los remisos. Fue entonces cuando el hado echó los lazos de la muerte a Diores Amarincida.
Los que poseían las ciudades de Adrastea, Apeso, Pitiea y el alto monte de Terea, estaban a las órdenes de Adrasto y Anfio, de coraza de lino: ambos eran hijos de Mérope percosio, el cual conocía como nadie el arte adivinatoria y no quería que sus hijos fuesen a la homicida guerra; pero ellos no le obedecieron, impelidos por el hado que a la negra muerte los arrastraba.
Y el impetuoso Héctor no dejará de pelear hasta que junto a las naves se levante el Pelida, el de los pies ligeros, el día aquel en que combatirán cerca de los bajeles y en estrecho espacio por el cadáver de Patroclo. Así decretólo el hado, y no me importa que te irrites.
Dichas quedan las palabras que al presente convienen; mañana os arengaré de nuevo, troyanos domadores de caballos; y espero que, con la protección de Zeus y de las otras deidades, echaré de aquí a esos perros rabiosos, traídos por el hado en los negros bajeles.
Perseguíale Eurípilo, hijo preclaro de Evemón; el cual, poniendo mano a la espada, de un tajo en el hombro le cercenó el robusto brazo, que ensangrentado cayó al suelo. La purpúrea muerte y el hado cruel velaron los ojos del troyano.
Al verlos derribados por el suelo, compadecióse el gran Ayante Telamonio; y deteniéndose muy cerca del enemigo, arrojó la pica reluciente a Anfio, hijo de Selago, que moraba en Peso, era riquísimo en bienes y sembrados, y había ido —impulsábale el hado— a ayudar a Príamo y sus hijos.
Así se portaban éstos en el duro combate. El hado poderoso llevó contra Sarpedón, igual a un dios, a Tlepólemo Heraclida, valiente y de gran estatura.
No le había concedido el hado matar con el agudo bronce al esforzado hijo de Zeus y por esto Atenea le inspiró que acometiera a los licios.