Ejemplos ?
III.- Recuerda que las deficiencias ajenas no aumentan tu valer, ni disculpan tu ignorancia. IV.- Vales, no por lo que tienes sino por lo que haces.
Tú me engañas, porque te da lástima, y si es verdá dame gusto y queáte, quéate hoy, Paco, quéate hoy y otro día haces lo que tú quieras.
Pos tiée razón tu tía -exclamó Pepa la Garibaldina-. Y eso, que tú haces con el Chumbera está pidiendo a voces un castigo. -Pos tendrá toíta la razón que tú quieras, pero en cuantico otra vez te pases a la banda de mi tía, te mato catorce veces pares, ¿tú te enteras?
Asombrado contemplaba todo aquello cuando escuché, un ronco y grueso vozarrón que hizo estremecer el recinto y a mí me fulminó de sobresalto: —¿Quién eres tú, insignificante enano y qué haces en mi reino, el reino del Magno Efrit?
Sócrates: Aún no has respondido a mi pregunta, incomparable Eutifrón; porque yo no te preguntaba lo que es a la vez santo e impío, agradable y desagradable a los dioses; de manera que podrá suceder muy bien sin milagro que la acción que haces hoy persiguiendo en juicio a tu padre, agrade a Júpiter y desagrade a Caelo y a Saturno; que sea agradable a Vulcano y desagradable a Juno; y así a todos los demás dioses que no estén conformes en una misma opinión.
104 ¿Crees que yo pude mal decir de mi vida, que ambos ojos, para mí, la que más cara es? No pude, y no, si pudiera, tan perdidamente la amaría: pero tú, con Tapón, todo monstruosidad lo haces.
-exclamó al fin un bandido, dirigiéndose al segador-. Haces mal en pensar en tu dinero, cuando tienes cuidados mayores en que ocuparte.
¡Estará escrito que no se haga más que lo que usted quiera! ¡Pero tú, Rosita, márchate con cinco mil demonios que ninguna falta nos haces aquí!
—¡Pero desgraciado! —exclamó desesperada, alzándome la cabeza—. ¡Qué haces! ¡Era ella, mi mujer! Le devolví el abrazo, en plena e íntima boca.
Triste de aquel que vive destinado a esa antigua colonia de los vicios, augur de los semblantes del privado. Cese el ansia y la sed de los oficios; que acepta el don y burla del intento el ídolo a quien haces sacrificios.
-preguntó con voz desabrida Cayetano a su primo, junto al cual no cesaba un punto de disparar la suya, y después, fijándose en el blanco que aquél presentaba, enhiesto sobre la típica montura, y sin que le resguardase árbol ninguno: -Pero ¿qué haces que no te arrimas al árbol ni te tiendes sobre el caballo?
Pero gracias a su carácter divino, sea un hábil artista o una mala flautista quien los ejecute, tienen la virtud de arrebatarnos a nosotros mismos y de hacernos conocer a los que tienen necesidad de las iniciaciones y de los dioses; la única diferencia que hay en este asunto entre Marsyas y tú, Sócrates, es que sin necesidad de instrumentos, con simples discursos, haces lo mismo que él.