hacendado


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hacendado, a

1. adj./ s. Que tiene hacienda o riquezas en bienes raíces su abuelo fue un rico hacendado pero lo perdió todo durante la guerra. propietario
2. Argent., Chile GANADERÍA Se aplica al estanciero que se dedica a la cría de ganado.

hacendado, -da

 
adj.-s. Que tiene hacienda en bienes raíces.
(Argent.) y (Chile) Que tiene ganado.

hacendado, -da

(aθen'daðo, -ða)
abreviación
1. persona que tiene muchas propiedades y tierras Proviene de cuna hacendada.
2. estanciero que se dedica a criar ganado Es un propietario hacendado como lo fue su padre.

hacendado, -da


sustantivo masculino-femenino
1. persona que tiene muchas propiedades y tierras El candidato del partido conservador es un rico hacendado.
2. estanciero que se dedica a criar ganado los hacendados del sur
Sinónimos

hacendado

, hacendada

hacendado:

potentadorico,
Traducciones

hacendado

possidente

hacendado

/a
B. SM/F (= propietario) (de tierras) → landowner (LAm) (de ganado) → rancher (Caribe) (de ingenio) → sugar-plantation owner
Ejemplos ?
Para don Ruperto, hacendado en los confines lejanos de la Pampa cristiana, carnear una res era lo mismo que para el hortelano coger un durazno en el árbol.
Estas campañas producen anualmente un millón de cueros, sin las demás pieles, granos y sebo, que son tan apreciables al comerciante extranjero: llenas todas nuestras barracas, sin oportunidad para una activa exportación, ha resultado un residuo ingente, que ocupando los capitales de nuestros comerciantes les imposibilita o retrae de nuevas compras, y no pudiendo éstas fijarse en un buen precio para el hacendado que vende, si no es a medida que la continuada exportación hace escasear el fruto, o aumenta el número de los concurrentes que lo compran, decae precisamente al lastimoso estado en que hoy se halla, desfalleciendo el agricultor hasta abandonar un trabajo que no le indemniza los afanes y gastos que le cuesta.
Y mientras el vagabundo continuaba por la carretera su larguísimo calvario, el hacendado se volvió hacia el mayordomo y en voz baja le preguntó: -¿Vinieron por las vacas esta mañana?
Don Manuel Velázquez de León, secretario que había sido del virreinato, intendente honorario de provincia, tesorero de bulas, nombrado en España director de Hacienda pública en México y consejero de Estado. : Don Manuel Montes Argüelles, hacendado de Orizaba.
En una de esas ocasiones conoció a Álvaro que venía precedido por las finezas de ser sobrino de Don Alfredo de los Montes, gran hacendado y amigo de Madero, y ella tuvo la flaqueza de decirle que lo amaba a primera vista, sin embargo, el joven le contestó con entereza que ya tenía prometida y que venía por ella para casarse y llevársela a la ciudad de México.
Mermada y destruida nuestra agricultura por no haber garantías para el pequeño propietario, por haberse falseado el ideal agrario en virtud de la falaz demagogia de los líderes protegidos de Cárdenas, que a toda costa quieren hacer infructuoso el sacrificio del campesino realizado en la acción armada de la Revolución que los hizo propietarios de sus parcelas, independizándolos de la inmisericordia del hacendado y, no conformes con esa falta de garantías, pretende destruir su pequeño patrimonio conquistado a base de sangre, para comunizarlo, para sovietizarlo en beneficio de los demagogos, convirtiéndolos en sus nuevos esclavos.
Competía con ella doña Ana de Valverde, mujer del capitán don Diego de Mora, uno de los fundadores de Tru- jillo y su primer gobernador, riquísimo encomendero de Huan- chaco y Chicama y el primer hacendado que implantó el tra- piche y elaboró azftcar en el Perú, después de haber hecho traer de México caña ' para las plantaciones.
“Monté, pues, mi tropa en el momento, que a la sazón no pasaba ya de ciento cuarenta hombres, y mandé al Mayor Pinto para que me esperase en Jacinta, donde yo estaría o me le uniría muy pronto, y le encargué caminase con la mayor precaución. Mi designio secreto era prender a aquel hacendado, y para ello caminé con solo veinte hombres.
Con el gesto de Temístocles, rechazando los presentes de Artáxerces, atenuado sólo por una ojeadita de sentimiento, tienen ahora que desairar al compañero de otros tiempos, que, generosamente, ofrece algún maneador ancho, largo y fuerte de los muchos que tiene, sin ser hacendado, o para la familia, un cuarto de carne de vaca, demasiado gorda para ser propia.
Con pasquines más o menos parecidos a éste eran agasajados los principales realistas, y más que todos don Ramón Noriega, rico hacendado y hombre de influencia social y política, al que, entre otras lindezas, le escribieron: «Antes de hacerte difunto, godo, regodo, archigodo, te haremos bailar por junto y atado codo con codo el punto y el contrapunto».
Las viejas cuentan que cuando murió el hacendado, desapareció su cadáver, que de seguro recibió sepultura eclesiástica, arrebatado por el que pintan a los pies de San Miguel, y que en las altas horas de la noche paseaba por las calles de Lima en un carro inflamado por llamas infernales y arrastrado por una cuadriga diabólica.
Y lo que es yo, pecador que escribo estos renglones, quisiera, cuando voy de viaje, pasar antes la noche al raso o ::en un pastoril albergue ::que la guerra entre unos robles ::lo olvidó por escondido ::o lo perdonó por pobre, que en la morada de un hacendado de lugar, de un caballero de provincia o de un antiguo empleado que haya tenido bastante maña o fortuna para perpetuarse en el rincón de una administración Rentas o de una Contaduría subalterna.