hablar en voz baja


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hablar en voz baja

whisper
Ejemplos ?
En palabras de Jorge Luis Borges: "Si alguien en este siglo es equiparable al egipcio Proteo, ese alguien es Giovanni Papini, que alguna vez firmara Gian Falco, historiador de la literatura y poeta, pragmatista y romántico, ateo y después teólogo". El propio Borges dice que "hay estilos que no permiten al autor hablar en voz baja.
Dos personas colocadas en los dos extremos pueden hablar en voz baja sin que el resto de las personas presentes en la sala puedan oír nada.
Lo positivo es que en los tiempos que vivimos todo hombre de letras fuma, y no como quiera, sino hasta en pipa, y que las más bellas creaciones del humano ingenio sa­ len envueltas entre las azuladas nubes de un habano, por entre los puntos de la pluma, pues escribir con lápiz es como hablar en voz baja.
Sus padres le habían ya destinado desde niño al estado eclesiástico y a tal fin se le había enseñado a leer en latín y a bajar los ojos y a hablar en voz baja siendo aún muy niño; su padre le había internado en el colegio de Torchi, en la Universidad y allí había crecido entre misales y lexicones.
Este, sin abandonar su ocupación, fija la mirada en el yunque, sobre el que después de dejar a un lado el martillo se ocupaba en bruñir el broche de metal de una guarnición con una pequeña lima, comenzó a hablar en voz baja y entrecortada, como si maquinalmente fuesen repitiendo sus labios las ideas que cruzaban por su mente.
No sé cuánto tiempo haría que estaba dormido, cuando entre sueños y de una manera muy confusa, me pareció oír hablar en voz baja cerca de la puerta de mi cuarto.
"Vamos abajo, entremos en casa; quiero presentarle a mi mujer y a mi hija." Sus palabras me recordaron las voces femeninas que había oído hablar en voz baja a mi alrededor mientras volvía a la vida consciente; y, con mucha curiosidad por conocer como eran las señoras del año 2000, accedí con presteza a la proposición.
Las ancianas de su tertulia la rodeaban, y de tiempo en tiempo se volvían aconsejadoras y prudentes para hablar en voz baja con las niñas, que también suspiraban, pero con menos dolor que su madre: -Hijas mías, debéis hacer que se acueste.
Para la década de 1950, las condiciones de la prisión mejoraron, y los prisioneros fueron gradualmente permitidos a obtener más privilegios, tales como tocar instrumentos musicales, ver películas los fines de semana, pintar, y usar el radio; el estricto código de silencio se volvió más relajado y los prisioneros tenían permitido hablar en voz baja.
Sin embargo, en vez de cuchichear, el mensajero gritó a todo pulmón: --¡¡Ya están armándola otra vez!! --¡¿A eso le llamas hablar en voz baja?!