Ejemplos ?
-Pero ¿usté cree que sería el primer caso que se daría si yo por casolidá no le supiera a la Rosarillo a lo que sabe la retama? - Pero ¿usté cree que a una chavalilla como la Rosarillo le puée gustar un gachó que ya lo que jace es erurtar citando suspira?
No era Suárez de los que creen que cuarenta o cuatro mil necios sumados pueden dar de sí una suma de buen criterio; despreciaba en sus adentros, como nadie, la opinión vulgar; pero creía que al teatro se va a gustar al público, sea como sea.
Mala, malísima, a los ojos del señor Carnerero; y Dios nos libre de que algún día les llegue a gustar a los Carnereros la oda, líbreme de verla alabada por ellos, por aquella regla de Iriarte: DON RAMÓN.- Pero, ¿usted la defiende?
¿Qué hacen sus manes que no reviven a castigar a tanto hombre mal criado como hay en España, que comete la impolítica de no gustar del Correo?
¿Dónde está agora de aquel semblante mío la frescura? ¿Dónde del claro Tormes la pastora que del cáliz de amor ¡ay! la dulzura me dio a gustar? Mi luz es eclipsada; ya sepultado ¡ay!
Añadiré aquí el «sueño de las flores», del que ya tratamos en páginas precedentes, subrayando en su redacción todo lo que debe interpretarse como sexual. Este bello sueño cesó de gustar a la paciente una vez interpretado.
Solamente el nuevo plan nos hará gustar estos felices momentos que la paz con la Gran Bretaña no nos proporcionó por las tristes ocurrencias que desde entonces han afligido y arruinado el comercio de nuestra Metrópoli.
Viendo juntos a los dos prisioneros, lamenté más que nunca no poder gustar del bello pecado, regalo de los dioses y tentación de los poetas.
Yo le dije deseoso de gustar otra vez el consuelo de sus palabras tímidas: —Tú no sabes que si tenemos dos brazos es como un recuerdo de las edades salvajes, para trepar a los árboles, para combatir con las fieras...
El amor nos da más espíritu, el espíritu lo sustenta: hay que ser ágil para amar. A diario se nos agotan las maneras de gustar. Sin embargo, hay que gustar y lo logramos.
“No diréis, tío, que os lo bebo yo -decía-, pues no le quitáis de la mano.” Tantas vueltas y tiento dio al jarro, que halló la fuente y cayó en la burla; mas así lo disimuló como si no lo hubiera sentido, y luego otro día, teniendo yo rezumando mi jarro como solía, no pensando en el daño que me estaba aparejado ni que el mal ciego me sentía, sentéme como solía, estando recibiendo aquellos dulces tragos, mi cara puesta hacia el cielo, un poco cerrados los ojos por mejor gustar el sabroso licor...
-Calla, hijo -dijo el gitano viejo-, que aquí te industriaremos de manera que salgas un águila en el oficio; y cuando le sepas, has de gustar dél de modo que te comas las manos tras él.