Ejemplos ?
Iba a responder doña Teresa, apelando al ímpetu belicoso en que consistía su única debilidad (y sin hacerse cargo, por supuesto, de que el pobre don Jorge estaba sufriendo horriblemente), cuando, por fortuna, llamaron a la puerta, y Rosa anunció al Marqués de los Tomillares. -¡Gracias a Dios!
Nosotros estimamos que si un hombre se une a otro en la esperanza de perfeccionarse, gracias a él, en una ciencia o en la virtud, esta servidumbre voluntaria no tiene nada de vergonzosa y no puede ser calificada de adulación.
En el lecho del río descubrió un lugar donde había algunos cantos rodados, espaciados a un paso o a un brinco de distancia; gracias a ellos pudo atravesarlo, cayó de nuevo sobre la retaguardia de sus enemigos imaginarios, y los pasó a todos a cuchillo.
Pero gracias a su carácter divino, sea un hábil artista o una mala flautista quien los ejecute, tienen la virtud de arrebatarnos a nosotros mismos y de hacernos conocer a los que tienen necesidad de las iniciaciones y de los dioses; la única diferencia que hay en este asunto entre Marsyas y tú, Sócrates, es que sin necesidad de instrumentos, con simples discursos, haces lo mismo que él.
Pero sobre aquellas piedras había sangre: los heridos menos graves las habían maculado al pasar. Gracias a ellas, también, el niño cruzó el arroyo a paso rápido; iba hacia el fuego.
Y gracias a mis buenos oficios pude impedir que pasaran las cosas a mayores entre aquellos envejecidos representantes de las buenas mozas y los buenos mozos de antaño.
- preguntó Cayetano a su compañero, al quedar a solas con él en el departamento donde el señor Paco tenía su oficina, que justificaba algo esta designación gracias a una enorme carpeta de caoba que lo invadía casi del todo.
Con que vamos a ver si alegras ese perfil y le das gracias a Dios de lo mucho que yo chanelo y de la mucha pupila con que me echó al mundo mi madre, que esté en gloria, y de que na más que en un doblaillo tengo yo más sabiduría que en to el terno el sabio Salomón y toíta su parentela.
Pronto el rápido trotar de otro caballo hizo volver el rostro a Joseíto y saludar con una exclamación de júbilo a Cayetano el Petaquero, que avanzaba hacia él también airosa y típicamente engalanado, jinete en un jaco de sangre andaluza y cabos finos como torzales, que, al aire la suelta crin, agitaba los encarnados borlones del mosquero y la también roja morillera del ensedado y vistoso atajarre. -¡Gracias a Dios!
Vemos lo grande, lo pequeño, en el cielo, en la tierra. ¡Gracias a vosotros! Nacimos, oh Los de lo Construido, Los de lo Formado: existimos, oh abuela nuestra, oh abuelo nuestro”, dijeron, dando gracias de su construcción, de su formación.
Los ojos de Joseíto contestaron de modo elocuentísimo a la pregunta, y tras un breve silencio: -Pos si la cosa no estuviese ya tan pa granar, yo mesma te la traería -dijo la señora Pepa-, pero como ya, gracias a Dios y a la Virgen Santísima, estás tú tan requetemejorao...
Sembrador. Fueron a verlos, fueron a adorarlos, dieron gracias a sus rostros por el alba. resplandecían entre los peñascos, en las selvas, pero su Sabiduría habló cuando Los de las Espinas, Los del Sacrificio, llegaron ante Pluvioso.