grácil

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grácil

(Del lat. gracilis, delgado.)
adj. Que es sutil, delicado, delgado o menudo la bailarina tenía una cintura grácil.

grácil

 
adj. Sutil, delicado.

grácil

('gɾaθil)
abreviación
que es delicado y transmite idea de armonía La bailarina danzaba con movimientos gráciles.
Sinónimos
Traducciones

grácil

půvabný

grácil

yndefuld

grácil

anmutig

grácil

viehättävä

grácil

gracieux

grácil

graciozan

grácil

優美な

grácil

우아한

grácil

gracieus

grácil

grasiøs

grácil

wdzięczny

grácil

gracioso

grácil

graciös

grácil

อย่างสง่างาม

grácil

zarif

grácil

duyên dáng

grácil

优美的

grácil

ADJ [figura, líneas, movimientos] → graceful; [talle] → slender
Ejemplos ?
Otros se encaraman para secarse al sol, que los ilumina de soslayo, gráciles y desnudos, como figuras de un friso del Parthenón.
La dama era hermosa, él un gentil muchacho, que le acariciaba con los dedos y los labios los cabellos rubios y las manos gráciles de ninfa.
Mostraba Mary su falda llena como de iris hechos trizas, que revolvía con una de sus manos gráciles de ninfa, mientras, sonriendo su linda boca purpurada, sus ojos abiertos en redondo dejaban ver un color de lapislázuli y una humedad radiosa.
En todos sus parajes se ha afincado el reinado de una vegetación enjoyada de orquídeas, entretejida de serpentinas y lianas, donde los árboles permanecen cubiertos de gráciles enredaderas.
En contraste de altura y color, corren cubriendo las Islas de Jambelí y haciendo sombra a la verde uniformidad del paisaje, en distintos lugares, las gráciles palmeras de cocos, cuyos talles cimbreantes se yerguen como símbolos de fecundidad, abundancia y pureza campestre.
Incapaz para la venganza, al verlos partir recordé a la niña de los ojos aterciopelados y tristes, y lamenté con un suspiro que no tuviese las formas gráciles de aquel efebo.
Los dioses fueron al combate divididos en dos bandos: encamináronse a las naves Hera, Palas Atenea, Poseidón, que ciñe la tierra, el benéfico Hermes, de prudente espíritu, y con ellos Hefesto, que, orgulloso de su fuerza, cojeaba arrastrando sus gráciles piernas; y enderezaron sus pasos a los teucros Ares, de tremolante casco, el intenso Febo Apolo, Artemis, que se complace en tirar flechas, Leto, el Janto y la risueña Afrodita.
Sírvele hermosos presentes de hospitalidad, ínterin yo recojo los fuelles y demás herramientas. Dijo; y levantóse de cabe al yunque el gigantesco e infatigable numen, que al andar cojeaba arrastrando sus gráciles piernas.
Figuraos una carne virgen y nacarada, como formada de hojas de rosa té y reflejos de perla oriental; una cascada de cabello fluido, solar, esparcida por la espalda y juguetona en dorados copos ligeros hasta el borde de la túnica; unas formas gráciles y castas, largas y elegantes, nobles como la sangre azul que le corría por las venas y se transparentaba dulcemente al través de la piel de raso; unos ojos inocentes, santos, inmensos, en que copiaba su azul el infinito: una boca risueña, fragante; unos dientes cristalinos; unas manos largas, blancas como hostias; y aun sumando tantas perfecciones, os quedaréis muy lejos del conjunto que se admiraba en la princesa Querubina.
Y también a mí, que soy bueno con la vida, me parece que las mariposas y las burbujas de jabón y lo que es de su tipo entre los hombres, saben más de felicidad. Ver revolotear esas almitas ligeras, locas, gráciles, volubles – eso seduce a Zaratustra a lágrimas y cantos.
Diputados: profesora, Gráciles Aceves de Romero.- Licenciado Felipe Gutiérrez Zorrilla.- Francisco Xavier Aponte Robles.- Juan José Hinojosa Hinojosa.- Javier Blanco Sánchez.- Alfonso Ituarte Servín.- Licenciado José Ángel Conchello.- Rigoberto López Sedano.- Doctor Octavio Corral Romero.- Licenciado Abel Martínez Martínez.- Enrique Fuentes Martínez.- Gerardo Medina Valdés.- Licenciado Juan Manuel Gómez Morín.- Licenciado Antonio Obregón Padilla.- Doctor Ramiro González Luna.- Adrián Peña Soto.- Licenciado Manuel González Hinojosa.- Licenciado Rafael Preciado Hernández.- Efraín González L.
En el silencio grave del salón de consultas el esculapio la ausculta lentamente, golpea, con blandos golpecitos de las yemas de los dedos, las espaldas gráciles, aplica atento el oído sobre la piel tersa como el raso, del busto delicado, y tras del minucioso examen prescribe cáusticos que queman el seno, aplicaciones de yodo que manchan y desfiguran, drogas odiosas, un viaje al Mediodía que equivale a abandonarlo todo, arte, sociedad, placeres y para justificar las prescripciones rígidas y con su frialdad de hombre de ciencia, acostumbrado al dolor ajeno, suelta las frases brutales.