Ejemplos ?
Me acaban de informar que habría intención de parlamentar. Pinochet: Tiene que ir al Ministerio él con una pequeña cantidad de gente...
El señor comisario se subió al púlpito y comienza su sermón, y a animar la gente a que no quedasen sin tanto bien e indulgencia como la santa bula traía.
-Me alegro que me lo diga usté, porque asín si jacemos trate le miraré yo a los bichos jasta er cielo de la boca. -Pero ¿es que usté viée buscando gente gruñona?
¡Ramón llevaba ya las insignias de Comandante y la boina blanca de carlista!... Yo mandé hacer fuego contra Ramón, y Ramón contra mí: es decir, que su gente y mi batallón lucharon cuerpo a cuerpo.
--¡Cómo! ¿Por qué lo decís? --Porque no ha vuelto del campo, ni la gente que ha estado hoy a sus órdenes da razón de él. ¡Ah! ¡Cuánto sufrí aquella noche!
Y si es verdad lo que yo digo y aquel, persuadido del demonio, por quitar y privar a los que están presentes de tan gran bien, dice maldad, también sea castigado y de todos conocida su malicia.” Apenas había acabado su oración el devoto señor mío, cuando el negro alguacil cae de su estado y da tan gran golpe en el suelo que la iglesia toda hizo resonar, y comenzó a bramar y echar espumajos por la boca y torcella, y hacer visajes con el gesto, dando de pie y de mano, revolviéndose por aquel suelo a una parte y a otra. El estruendo y voces de la gente era tan grande, que no se oían unos a otros.
-Yo es que me he dio jechando la cuerda al cuello poco a poco, porque es que hoy se pie, pongo por caso, cinco duros a ganancias, y como no se puéen pagar, pus pa pagarlos se buscan otros cinco, y aluego se buscan diez, y aluego se buscan veinte... Y, total, que la gente se cansa y los amigos se cansan.
De estas cenas había dado muchas Orso; pero también gustaba de otras más desenfrenadas, a que sólo asistían sus capitanes semibandidos, sus bufones y sus familiares, gente cínica y perversa.
Pues aquí radica el que los reyes sean sabios, en que hacen cumplir en el ágora los actos de reparación a favor de la gente agraviada fácilmente, con persuasivas y complacientes palabras.
Mas como la gente al gran ruido cargase y la casa estuviese llena della, viendo que no podían afrentarse con las armas, decíanse palabras injuriosas, entre las cuales el alguacil dijo a mi amo que era falsario y las bulas que predicaba que eran falsas.
En la Élida, por ejemplo, y en Beocia, donde la gente se muestra poco hábil en el arte de la palabra, se dice sencillamente que es bueno conceder sus favores a quien nos ama; nadie, joven ni anciano, lo encuentra mal.
Al que ella quiere, grandemente le asiste y ayuda; en el juicio se sienta junto a los venerables reyes, y en el ágora hace destacar entre la gente al que ella quiere.