garfio

(redireccionado de garfios)
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garfio

(Del lat. graphium < gr. grapheion.)
1. s. m. Gancho metálico corvo y puntiagudo, que sirve para coger o sujetar objetos las piezas de carne están colgadas en garfios.
2. PESCA Instrumento para pescar o recoger almejas, formado por una especie de rastrillo y una red.

garfio

 
m. Gancho de hierro para asir algún objeto.

garfio

('gaɾfjo)
sustantivo masculino
gancho de hierro de punta aguda usado para sujetar cosas El carnicero colgó la media res en un garfio.
Sinónimos

garfio

sustantivo masculino

garfio:

reclamouña, señuelo, arpón, aliciente, anzuelo, ganzúa, gancho, atractivo,
Traducciones

garfio

crochet

garfio

haak

garfio

gancho

garfio

hak

garfio

кука

garfio

hák

garfio

フック

garfio

후크

garfio

SM
1. (= gancho) → hook
2. (Téc) (= arpeo) → grappling iron, claw
3. (Alpinismo) (= pico) → climbing iron
Ejemplos ?
Al gemir, la santa niña quiebra el cristal de las copas. La rueda afila cuchillos y garfios de aguda comba. Brama el toro de los yunques, y Mérida se corona de nardos casi despiertos y tallos de zarzamora.
El perro oprime el pecho de la mujer y clava los colmillos en su carne; la mujer muerde en las patas martirizadoras, y hunde sus dedos, vueltos garfios, en la musculosa garganta del mastín.
En esta guerra de Mario y Sila, además de los que murieron fuera, en los combates, también dentro de Roma se llenaron de muertos las calles, plazas, teatros y templos, de modo que apenas se pudiera imaginar cuándo los vencedores hicieron mayor matanza, si cuando vencían, o después de haber vencido; pues en la victoria de Mario, cuando volvió del destierro, además de las muertes que se hicieron a cada paso por todas partes, la cabeza del cónsul Octavio se puso en la tribuna; degollaron en sus mismas casas a César y a Fimbria; hicieron pedazos a los Crasos, padre e hijo, al uno en presencia del otro; Bebio y Numitor perecieron arrastrados con unos garfios, derramando por el suelo sus entrañas.
16 Asimismo dió oro por peso para las mesas de la proposición, para cada mesa: del mismo modo plata para las mesas de plata: 17 También oro puro para los garfios y para las palanganas, y para los incensarios, y para los tazones de oro, para cada tazón por peso; y para los tazones de plata, por peso para cada tazón: 18 Además, oro puro por peso para el altar del perfume, y para el á manera de carro de los querubines de oro, que con las alas extendidas cubrían el arca del pacto de Jehová.
2 E hízole sus cuernos á sus cuatro esquinas, los cuales eran de la misma pieza, y cubriólo de metal. 3 Hizo asimismo todos los vasos del altar: calderas, y tenazas, y tazones, y garfios, y palas: todos sus vasos hizo de metal.
Rodrigo la imposibilidad de hacer frente a los que venían en auxilio de la almiranta, mandó desprender los garfios de abordaje, abandonar la cubierta de la nave holandesa y asilarse en la capitana.
Imagínate en este punto las cárceles, las cruces y los caballetes de tortura, los garfios, el hombre empalado con la pica emergiendo de su boca, los miembros humanos descuartizados por carros tirando en distintas direcciones, las túnicas impregnadas y tejidas para nutrir las llamas y todas las otras cosas ideadas para tamañas crueldades.
La siniestra mano la veían los granujas en sus pesadillas: eran cinco garfios apartados y nudosos de pieza entera, que nunca se cerraban, que agarraban rígidos, sin apretar: algo así como la mano de palo que apaga las luces del tenebrario.
A su lado en un bufete, que más parece una tumba, prepara un viejo notario sus pergaminos y plumas. Y de aquella estancia en medio, de tablas con sangre sucias se ve un lecho, y sus cortinas son cuerdas, garfios, garruchas.
La dura necesidad camina siempre delante de ti, llevando en su broncínea mano los enormes clavos, las cuñas, los garfios terribles del tormento y el plomo derretido.
A estado de hombre, y menos, hay puestos por las paredes garfios de hierro, en los cuales, después de haber ahorcado en la plaza los hombres que mueren por justicia, los llevan allá y cuelgan en aquellos garfios; y como los tales se van deshaciendo, caen los huesos en aquel hoyo que, como está sagrado, les sirve de sepultura.
III Y ahora que su planta no quiebra la grama de nuestros senderos, y en el caminar notamos que falta, tremolante llama, su forma, pintando de luz el solar, cuantos la quisimos abajo, apeguemos la boca a la tierra, y a su corazón, vaso de cenizas dulces, musitemos esta formidable interrogación: ¿Hay arriba tanta leche azul de lunas, tanta luz gloriosa de blondos estíos, tanta insigne y honda virtud de ablución que limpien, que laven, que albeen las brunas manos que sangraron con garfios y en ríos ¡oh, Muerta!