Ejemplos ?
Los chajaes bulliciosos, de elegante cabecita copetuda y de cuerpo abultado; las garzas y las cigüeñas, imponentes, en su andar acompasado; los patos de mil clases, los gansos y los majestuosos cisnes, reinaban tranquilos en ese dominio que sólo les disputaban los mosquitos insoportables.
Entonces, habiéndose apoderado el enemigo de toda la ciudad, sólo quedó ileso el monte Capitolino, el cual también le hubieran tomado si, durmiendo los dioses, por lo menos no estuvieran de vela los gansos; de cuyo suceso resultó que vino a caer Roma casi en la misma superstición de los egipcios, que adoran a las bestias y a las aves, dedicando sus solemnidades al ganso; mas no disputo, por ahora, en estos males casuales que conciernen más al cuerpo que al alma, y suceden por mano del enemigo o por otra desgracia o casualidad.
Jadeante esperaba una cruel secuela, cuando brotaron de entre los árboles muchos gansos grises que irritados se acercaron a mí, graznando e intentando mordisquearme; luego emergieron de las nubes, muchas águilas blancas que se dirigieron a picotearme, como si atacaran a un gusano; más tarde arribaron tantos gavilanes y halcones cafés que el cielo oscureció mucho más la penumbra en la que se encontraba y entre todos me gritaron: —¡En unos momentos la emperatriz llegará, y en medio de mil tormentos te castigará!
Su mujer estaba demasiado ocupada con la casa y el cuidado del gallinero, pues, como decía muy sabiamente, los patos y los gansos son tontos y hay que vigilarles, mientras que las muchachas pueden cuidarse a sí mismas.
ESTUDIANTE Lo que sabré responder es que yo, señoras, por la gracia de Dios, soy graduado de bachiller por Salamanca, y no digo... LEONARDA Desa manera, ¿quién duda sino que sabrá pelar no sólo capones, sino gansos y avutardas?
El 2 de diciembre cayó sobre ellos como un rayo en cielo sereno, y los pueblos, que en épocas de malhumor pusilánime gustaban de dejar que los voceadores más chillones ahoguen su miedo interior, se habrán convencido quizá de que han pasado ya los tiempos en que el graznido de los gansos podía salvar el Capitolio.
Pero debemos repetir que aún andábamos de calzón corto, y si no, ahí estaban los gansos de la Andrea que nos dieron más de un picotazo en las piernas, débilmente defendidas.
Después, a los años de estar tranquilo el país, había surgido por el lado de las cordilleras, el fantasma chileno, y los jóvenes, los hijos ahora, habían tenido los ejercicios del domingo, -sin armas, porque no alcanzaban para todos-, chapaleando durante cuatro horas por semana, a pie, en el polvo o en el barro del camino real, maniobrando, como bandada de gansos, el gauchaje, por el modo de caminar, y mandados por un exvigilante destituido por borracho, que hacía de oficial.
Hablábale de los palomos, de los gansos y del chivito de la casa de El Poblado...
Tampoco Héctor permanecía en la turba de los teucros, armados de fuertes corazas: como el águila negra se echa sobre una bandada de alígeras aves—gansos, grullas o cisnes cuellilargos—, que están comiendo a orillas de un río; así Héctor corría en derechura a una nave de negra proa, empujado por la mano poderosa de Zeus, y el dios incitaba también a la tropa para que le acompañara.
Un numeroso escuadrón de gansos, blancos como la nieve, nadaban en un estanque adyacente, arrastrando detrás de sí su numerosa prole.
De la suerte que las alígeras aves —gansos, grullas o cisnes cuellilargos— se posan en numerosas bandadas y chillando en la pradera Así o, cerca del río Caístro, vuelan acá y allá ufanas de sus alas, y el campo resuena, de esta manera las numerosas huestes afluían de las naves y tiendas a la llanura escamandria y la tierra retumbaba horriblemente bajo los pies de los guerreros y de los caballos.