Ejemplos ?
Y el entusiasmo de ahora ha de ser un entusiasmo moderado, un entusiasmo frío y racional, un entusiasmo que mate facciosos, pero nada más; entusiasmo, señor, de quita y pon; y entusiasmo, en una palabra, sordomudo de nacimiento; entusiasmo que no cante, que no alborote el cotarro; que no se vuelva la casa un gallinero.
Ni se diga de los gajes con la leche que le correspondía, ni de los productos del gallinero, ni de esa huerta donde los mafafales alternaban con la hachira, los repollos con las pepineras, las vitorias con las auyamas.
¿Tú no comprendes que el espejo es el único que mos dice la verdá y que cuando mos miramos en él, lo que mos dice es que no nos quea ya güeno más que er corazón; que estamos cuasi pidiendo a gritos que nos apuntalen, que no tenemos ya más de cuatro güesos en la boca con que aguantar los carrillos; que se mos ha caío er barniz y se mos ha queao la piel como la de las pintarrojas; que no son ya patas e gallo, sino toíto un gallinero el que lucimos en el rabillo del ojo; que ya cuando suspiramos es como si espertoráramos; que ya de ca cien pelos mos quea uno; que...?
Mucho tiempo después se oían aún rugidos y sollozos, por la noche, en el sendero de los Tres-Solitarios. Los habitantes del país evitaban pasar por allí después de caer el sol, en cuanto las gallinas se metían en el gallinero.
El único lujo del hogar, lo que hacía sonreír babosamente al padre cuando conducía a su hija al «gallinero» del teatro por horas, o al «cine», y en el ambiente viciado, del etéreo, cargado de olor humano, resonaban las frases de admiración.
Grace y Cía.». El gallinero amaneció revuelto. Uno de los más prestigiosos miembros de la alta sociedad femenina había sido echado en un nido de paja en el rincón del patio, sobre diez huevos de un aspecto sospechoso.
Envueltos en la niebla, arrebujados y borrosos, mostrábanse riscos y praderas; la casa de la finca semejaba un esbozo de paisaje a dos tintas; a trechos se percibían los vallados y chambas de la huerta, las aristas del techo, el alto andamio del gallinero; sólo alcanzaban a destacarse con alguna precisión los cuernos del ganado, rígidos y oscuros, rompiendo esas vaguedades, cual la noción del diablo la bruma de una mente infantil.
El pavo no podía sufrir al gallo, por la misma razón que el gallo no podía sufrir al pavo, porque uno y otro eran muy vanidosos; y si cien seres modestos viven en perfecta armonía, en cambio no pueden estar juntos dos vanidosos; y el pavo escarneció al gallo, y con su voz poco agradable dijo: :Gallinitas, gallinitas, :ese gallo tonto y feo :os ordena que al instante :os vayáis al gallinero.
Gracias a ellos no se perturba el orden en el gallinero, porque aunque a veces parece que se caen al andar, sus patas, admirablemente construidas, los mantienen equilibrándose.
Aquella noche recibió la Perricholi la ovación más espléndida de que hasta entonces dieran noticia los fastos de nuestro vetusto gallinero o coliseo.
Me parecían unos viejos helados de corazón y me inspiraban una repulsión personal. El Tribunal me parecía tan desprovisto de poesía y de sentimiento como un gallinero.
Un anciano conde de la más rancia nobleza del país permaneció donde estaba, en su lugar de honor, pues la flauta era justa, como se debe ser. El caballero chistoso, aquel hijo de familia que había provocado la catástrofe, voló de cabeza al gallinero, y no fue él solo.