gallareta


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gallareta

s. f. ZOOLOGÍA Ave acuática de pico grueso y abultado que vive en lagunas y ríos densos de vegetación
NOTA: Nombre científico: (Fulica.)
Sinónimos

gallareta

sustantivo femenino
foja (ave).
Traducciones

gallareta

folaga

gallareta

SF (LAm) → South American coot
Ejemplos ?
Si al zarzal huyere la ágil gallareta, con su rastro inquieta al diestro sabueso, y al tenaz latido, del cieno escondido salga desalada, corra, vuela y caiga, aunque alas le añada su mismo temor.
Paco Cárdenas habíase quedado pensativo oyendo al tabernero, y cuando aquél hubo concluido, -Y oiga usté, señó Frasquito -le preguntó-, y usté disimule la curiosidá, ¿cuánto es lo que le da usté por vigilar esto al Gallareta?
El Frescales estaba que hacía la barba, y con razón, que con la entrada en la cárcel de Manolito el Gallareta habíase quedado desamparada su timba, de la que empezaba a huirse la gente más formal de la aficionada a jugarse hasta el cuero cabelludo, por temor al enganche con alguno de los que, acaudillados por el Maroto, dedicábanse a cobrar el barato en los lugares no garantizados por alguno de sus colegas en arrogancias y bravura.
Media hora llevaba el mozo contemplando, sin ver, sin duda, el paisaje, cuando: -Camará, y cómo me cogiste la elantera -dijo, deteniéndose junto a él, el señor Paco el Gallareta, hombre de más de sesenta años, alto, enjuto, de rostro descarnado y de facciones angulosas, tostadas y curtidas por vientos y soles.
Y como este bandurrio famoso, enterado de que el Gallareta había ido a pasar la temporada veraniega a sus posesiones del Pasillo, habíase metido, decidido a escribir una de sus páginas más gloriosas, en el garito del Frescales, andaba éste de tan mal humor, que al notar que Paco Cárdenas y su compadre, Antoñico el Muñequero, pedían con acento un tantico despótico que dejara de servir a los demás por servirles a ellos primero Periquito el Tarambana, mozo de la taberna, díjole a éste con acento brusco y desabrido: -Sí, hombre, sí, tira lo que tengas en la mano, manque lo que tengas en ella sea una luna veneciana, y si arguno dice que él ha llegao primero, le das una puñalá en la ingle, que lo primero de to es servir a esas dos balas perdías.
Tu supónte que al Gallareta le han metío en chirona a cumplir lo que le echaron el mes pasao por mo de lo del Cartulina, y al enterarse de qua ya no hay espantajos en la jaza, se me ha colao toa la pandilla del Altozano, y como es naturá, no hay quien se talle dos pesetas, porque es que nadie está dispuesto a buscarse una ruina.
-exclamó el Gallareta, transcurridos que hubieron algunos minutos, al ver cómo aquél ceñía a su cuerpo la soga en tanto los Pedrotes se entretenían en hacer un cigarro, que acababa de ofrecerles el anciano.
Paco Cárdenas se acordó de que él ganaba cuatro pesetas trabajando desde que el sol echaba sus luces hasta que se ponía, y en cambio de que el Gallareta vestía y vivía como un príncipe, que todo el día no hacía otra cosa que lucir el garbo por el distrito, que tenía en un dedo un solitario con el cual hubiera tenido él bastante para salir de apuros.
Paco Cárdenas, grave y cejijunto, fumaba silencioso, recostado contra la pared, próximo a los que tallaban, y cerca de él le observaba con disimulo el tabernero, que no confiaba mucho en lo que de modo tan decidido hubo de decirle aquél en la noche anterior, al oírle lamentarse de la ausencia del Gallareta, que le dijo: -Pos si usté quiere y me da lo mismo que al otro, yo le prometo a usté que no va a haber quien diga ni pío tan siquiera tan y mientras esté yo arrimao a la mesa del tapete.
Pronto cundió la chilla de que Paco Cárdenas era el sustituto del Gallareta, y -¡Camará, mucho cudiao, caballeros! -dijo el Sordina en tono de zumba al verle penetrar seguido del Muñequero y del señor Frasquito en la habitación-, que está ahí el que nos va a dicir a tos los que estornudamos que aquí nadie se constipa sin pedirle antes premiso.
El Rompe-ponchos, azaharito, de Oquendo. El Zoquete, rabón colorado, de Bujama. El Gallareta, overo, de Huando. Segunda mañana. El Patuleco, barriga blanca, de Casablanca El Cara sucia, gateado, de Pasamayo.
Quedó silencioso el Gallareta, reflejando su semblante lo poco gratamente que hubieron de resonar en él las palabras del muchacho.