Ejemplos ?
Fue en amor trocándose la simpatía, por obra del trato frecuente, de la hermosura e inteligencia de la maestra, de la gallardía y bondad de Pedro.
Con este adorno, y con su gallardía, dando ocasión para que todos alabasen a Dios en ella, salió Isabela de su casa a pie, que el estar tan cerca el monasterio excusó los coches y carrozas.
Ahora llevaba este sable con gallardía, como conviene al hijo de una raza heroica, y se paraba de tiempo en tiempo en los claros soleados del bosque para asumir, exagerándolas, las actitudes de agresión y defensa que le fueron enseñadas por aquellas estampas.
No sabía crear intereses que valga la desoladora sentencia del personaje benaventiano: es la más eficaz manera de ganar afectos. Era de físico poco atractivo y garboso; su gallardía la llevaba en el corazón.
En un camino el hallarle Pavor infunde sin duda; Pero si pasa y saluda, Vuélvese uno a contemplarle; Y siéntese que se aleje Al ver tanta gallardía, A par que causa alegría Que franco el paso nos deje.
En el esfuerzo conjunto contamos con la juventud mexicana, con su renovado vigor para las luchas llenas de generosidad y gallardía que la patria requiera, seguros de que siempre sabrá defender nobles banderas de paz, de igualdad, de seguridad y de justicia.
En esto, salió de un pabellón o tienda, de cuatro que estaban en aquella campaña puestas, un turco, mancebo de muy buena disposición y gallardía, y, llegándose al cristiano, le dijo:-Apostaría yo, Ricardo amigo, que te traen por estos lugares tus continuos pensamientos.
En los torneos de Zocodover, en los juegos florales de la corte, siempre que se les había presentado coyuntura para rivalizar entre sí en gallardía o donaire, se habían aprovechado con afán ambos caballeros, ansiosos de distinguirse a los ojos de su dama; y aquella noche, impelidos, sin duda, por un mismo afán, trocando los hierros por las plumas y las mallas por los brocados y la seda, de pie junto al sitial donde ella se reclinó un instante después de haber dado una vuelta por los salones, comenzaron una elegante lucha de frases enamoradas e ingeniosas, epigramas embozados y agudos.
El porvenir les sonreía enseñando toda la dentadura. Riqueza, juventud, hermosura en la novia, gallardía en el novio... Y no se casaban.
Los del hotel notaron que, por las escaleras, intentaba darle el brazo Fanchon; pero la artista bajaba derecha, con la gallardía de su exagerada silueta, casi demasiado apuesta, casi demasiado acentuada de líneas, y con la ligereza habitual en sus raudos y veloces pies...
Los que vinieron por la tierra en postas, trujeron, por llegar a la ligera, sólo plumas y banda, calza y cuera; los que habitaban de la mar las costas (tanto pueden de amor dulces empresas) vinieron en artesas, mas no por eso menos hasta la cola de riquezas llenos; y otros, por bizarría, para mostrar después la gallardía, en cofres y baúles, sulcando las azules montañas de Anfitrite; y alguno que a disfraces se remite, por no ser conocido, en una caja de orinal metido.
La inmigración atraída por el precio mínimo a que se harán las adjudicaciones de baldíos en los territorios hoy desiertos, afluirá como un río de hombres, como un Amazonas cuyas ondas fueran cabezas humanas y mezcladas con las razas indígenas, con los antiguos dueños del suelo que hoy vegetan sumidos en oscuridad miserable, con las tribus salvajes, cuya fiereza y gallardía nativas serán potente elemento de vitalidad, poblará hasta los últimos rincones desiertos, labrará el campo, explotará las minas, traerá industrias nuevas, todas las industrias humanas.