galga


También se encuentra en: Sinónimos.

galga

(Derivado de galgo.)
1. s. f. Piedra grande desprendida de lo alto de una pendiente y que baja rodando y dando saltos por ella.
2. Piedra que gira alrededor del árbol del alfarje en los molinos de aceite.
3. TECNOLOGÍA Instrumento para medir ángulos y longitudes en el interior de una pieza. calibre
4. MEDICINA Erupción cutánea que puede formarse en el cuello por falta de aseo.

galga

(De origen incierto.)
1. s. f. Palo atado por sus extremos a la caja del carro, que sirve de freno.
2. Féretro o andas en que se llevaba a enterrar a los pobres.
3. INDUMENTARIA Y MODA Cada una de las cintas con que se sujeta a la pierna el calzado femenino.
4. NÁUTICA Anclote u orinque con que se refuerza el ancla fondeada.
5. s. f. pl. MINERÍA Los dos maderos inclinados que apoyan la cara lateral de una excavación y sirven para sostener el huso o cilindro de un torno de mano.

galga

 
f. Piedra grande desprendida de una cuesta.
Piedra voladora.
pl. ingen. mecán. Patrones constituidos por bloques de acero templado y de gran dureza, dos de cuyas caras son perfectamente planas y paralelas.

galga

  (del fr. gale, sarna)
f. Especie de sarna.

galga

  (del flam. galg, viga)
f. Palo atado a los extremos de la caja del carro, que sirve de freno.
Andas o féretro.
Instrumento para medir el huelgo entre dos piezas.
Traducciones

galga

bitola

galga

габарит

galga

galga

galga

מד

galga

ゲージ

galga

SF
1. (= instrumento) → gauge, gage (EEUU)
2. (Geol) → boulder
3. [de molino de aceite] → millstone
Ejemplos ?
-Vamos, cállate tú ya - díjole a Pepa, interrumpiéndola gravemente, Perico, al notar cómo a las palabras de su mujer se le demudaba el rostro y se le crispaban las manos al Carambuco, que hacía esfuerzos casi sobrenaturales para echarle galga a la tremenda ira que acababan de despertar en su alma las frases de la esposa del Talabartero.
Y su comida, su sopa de avena con azúcar, a la británica, ¿quién se la iba a dar? Empezaba la galga a sentir la roezón del hambre.
-A este bicho -profetizó Melecio- va a venir a sacarlo de la cárcel un lacayo más grande que un tranvía; verás tú. -Éste es de señorona -asintió Sidro, dejando en el suelo a la galga, con respeto involuntario y profundo a su posición social.
Y, sin necesidad de ponerse de acuerdo, se arrojaron los cinco o seis que compartían el primer corralillo con Gipsy, sobre la galga y sobre su comida.
Un guarda forestal, curado por el señor de una pleuresía, había regalado a la señora una perrita galga italiana; ella la llevaba de paseo, pues salía a veces, para estar sola un instante y perder de vista el eterno jardín con el camino polvoriento.
En el sucio carro donde se hacinan mustios o gruñidores los perros errantes, famélicos, extenuados de hambre y de calor, fue lanzada una perrita inglesa, de la raza más pura; una galga de ese gris que afrenta al raso, toda reflejos la piel, una monería; estrecho el hocico, delicadas como cañas las patitas, y ciñendo el pescuezo flexible un collarín original: imitado en esmalte blanco sobre oro un cuello de camisa planchado con las dos pajaritas dobladas graciosamente, y una minúscula corbata azul, cuyo lazo sujetaba un cuquísimo imperdible de rubíes calibrés; todo ello en miniatura, lo más gentil del mundo.
Hogaño he mercado en Alba una yegua de Peñalba de rutilante mirar, tres años, negra, cuatralba, rica sangre y buen andar; un precioso bruto fiero con nobleza de cordero, blondas crines y ancha nalga, músculos curvos de acero y enjutos remos de galga.
Caltech demandó la patente de la galga, pero Simmons llevó su caso el Tribunal Supremo de California y ganó los derechos de patente en 1949.
De esta manera, midiendo la resistencia eléctrica de la galga, puede deducirse la magnitud del esfuerzo aplicado sobre el objeto.
Aun así, es mirada con desprecio, y no suelen llamarla con su nombre de pila, sino con un apodo irónico, como, por ejemplo, la Galga, la Joya, la Guitarrita.
Y tan lívido se le hubo de poner el semblante, y con tal expresión de ira y de pena le brillaron los negrísimos ojos y tan henchida de lágrimas resonó en sus oídos la voz del Tarambana, quo el viejo, compadecido de él, díjole, poniéndole la mano sobre el hombro: -Jéchale la galga a tu pena...
Como ese gachó tiée más dura que un yunque la voluntá y no sabe jugarle a naide una mala chanaíta, empezó el hombre a darse contravapor y a jecharse la galga por no darle que sentir a su amigo, a pesar de que éste no le había dicho naíta de lo que tanto le dolía, y por mo de esto no fue antes al cuartel a darnos parte de lo que había jechito usté con su presona.