gafas


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gafas

('gafas)
sustantivo femenino plural
cristales con soporte para corregir un defecto de visión Las gafas no sólo sirven para la vista, son también un adorno estético.
Sinónimos

gafas

sustantivo femenino plural

gafas:

lentesanteojos, quevedos, antiparras,
Traducciones

gafas

ulleres

gafas

okulvitro

gafas

lunettes, lunettes de vue

gafas

bril

gafas

óculos

gafas

brýle

gafas

briller

gafas

silmälasit

gafas

naočale, specifikacija

gafas

眼鏡

gafas

안경

gafas

briller

gafas

okulary

gafas

glasögon, specifikationer

gafas

แว่นตา

gafas

kính đeo mắt

gafas

眼镜

gafas

f. spectacles, eyeglasses.

gafas

fpl glasses, eyeglasses; goggles; — bifocales bifocal glasses o eyeglasses, bifocals (fam); — de lectura reading glasses; — de natación swimming goggles; — de seguridad safety glasses o goggles; — de sol sunglasses; — para nadar swimming goggles; — protectoras safety glasses o goggles
Ejemplos ?
Una noche se hallaba reunida la familia en una sala pequeña que tenía dos ventanas con vistas a la plaza; el militar leía en voz baja un periódico, su mujer hacía calceta; el cura limpiaba los cristales de sus gafas y Javier y Mateo, los dos hijos menores, trataban en vano de descifrar un problema difícil, mientras Miguel, con una gramática latina en la mano, a la que miraba distraído, soñaba despierto escuchando una música lejana, que tal vez ninguno más que él lograba percibir.
La tía, que era fea, de corta estatura y vista más corta todavía, llevaba gafas y acercaba a sus ojos la costura para ver por donde metía la aguja, la sobrina trabajaba con alguna distracción porque su pensamiento estaba muy lejos de allí -¡Cuánto tarda tu padre!
El que se ponía las gafas veía todas las cosas transformadas en cosas tristes y desagradables y ya no podía ser feliz. El diablo se desternillaba de risa vendo lo que habían hecho sus discípulos.
Pero cuanto más reflexionaba sobre el audaz, fogoso y discernido ingenio de D, sobre el hecho de que el documento debía haber estado siempre a mano, si intentaba usarlo con ventajoso fin; y sobre la decisiva evidencia, obtenida por el prefecto, de que no estaba oculto dentro de los límites de sus pesquisas ordinarias, más convencido quedaba de que para ocultar aquella carta el ministro había recurrido al más amplio y sagaz expediente de no tratar de ocultarla absolutamente. Convencido de estas ideas, me puse mis gafas verdes y una hermosa mañana, como por casualidad, entré en la casa del ministro.
Gafas para poner sobre la nariz. Esos son mis ojos, ¡bellos ojos! Y, mientras hablaba, seguía sacando más y más gafas, tantas que empezaron a brillar y a lanzar destellos sobre la mesa.
Lo extraño es que, al principio, yo mismo le tomé por un caballero. Afortunadamente llevaba las gafas, y enseguida me di cuenta de que se trataba de una nariz.
Miles de ojos centelleaban y miraban fijamente a Nataniel, pero él no podía apartar su mirada de la mesa, y Cóppola continuaba sacando cada vez más gafas y cada vez eran más terribles las encendidas miradas que disparaban sus rayos sangrientos en el pecho de Nataniel.
En cuanto todas las gafas estuvieron guardadas, Nataniel se tranquilizó, y acordándose de Clara, se dio cuenta de que el horrible fantasma solo estaba en su interior, ya que Cóppola era un gran mecánico y óptico, y en modo alguno el doble del maldito Coppelius.
Entretanto, como si nada hubiera pasado, como si nada hubiera sucedido, don José se había calado las gafas y leía, estoicamente, las noticias que terminaban con la del desastre de Cavite.
Su cabello negro estaba bien cortado y pulcramente peinado y su cara afeitada, si bien le azuleaba el mentón debido al pelo crecido. Usaba gafas sin montura, con aros de acero.
Hija y padre se confunden en un abrazo. El viejo se enjuga los ojos y se cala las gafas para examinar aquellas bagatelas tan valiosas a su corazón.
Una vez en ella, se olvidó de lo pasado ante el aspecto de las bolas de marfil, cuyos choques le admiraron como a un niño; y más que las bolas, la locuacidad de un joven de rizadas patillas, gafas y pelo escarolado, que al paso que jugaba carambolas con otro aficionado, era el deleite de los cien curiosos que rodeaban la mesa, sentados sobre duras banquetas, con una profusión de chistes y una procacidad tan verde y desaliñada, que en un cuartel de blanquillos no le hubieran valido menos de un mes de cepo o una carrera de baquetas.