gañán

(redireccionado de gañanes)
También se encuentra en: Sinónimos.

gañán

1. s. m. Hombre fuerte y rudo.
2. Mozo de labranza. bracero, jornalero

gañán

 
m. Mozo de labranza.
fig.Hombre fuerte y rudo.
Traducciones

gañán

jordbruksarbetare, lantarbetare, tölp

gañán

SMfarmhand, labourer, laborer (EEUU)
Ejemplos ?
Si quieres, rosa temprana, ver los sudores y afanes que cuesta el pan de mañana, ven y verás mis gañanes trajinando en la besana.
¡Qué dulce es presidir desde el repecho la propia sementera si el cielo es transparente, fresco el aire, húmeda y fértil la esponjada tierra, el sol templado, la simiente sana, robustas las parejas, alegres los gañanes, la tonada de arar, sentida y lenta, sabroso el pan de casa y el agua del regato limpia y fresca!
Olivar, por cien caminos, tus olivitas irán caminando a cien molinos. Ya darán trabajo en las alquerías a gañanes y braceros, ¡oh buenas fuentes sombrías bajo los anchos sombreros!...
19 Y partiéndose él de allí, halló á Eliseo hijo de Saphat, que araba con doce yuntas delante de sí; y él era uno de los doce gañanes.
Tendida la red al través del río, entran en él unos cuantos gañanes alborotando el agua, desalojan a la trucha de su retiro y la obligan a correr espantada hacia la red; cuando ésta se encuentra bien cargada de pesca, sácanla a brazo sobre la hierba y la vacían; allí coletean como pedazos de plata viva los peces, que pasan sin demora a la caldera o la sartén.
Entre los gañanes que acababan de entrar en el río arremangados de brazo y pierna, uno, sobre todo, mereció que mi novia no apartase de él los ojos.
Los metimneños habían averiguado por los cautivos que los de Mitilene nada sabían de lo ocurrido, y que eran gañanes y pastores los que habían maltratado a los jóvenes, por lo cual reconocían que se habían atrevido con más acritud que prudencia contra la vecina ciudad, y sólo deseaban devolver el botín, tratarse de amigos y comerciar como antes por mar y tierra.
Por toda la literatura castellana campea esa sucesión caleidoscópica, y donde más, en otra su casticísima manifestación, en los romances, donde pasan los hombres y los sucesos grabados al agua fuerte, sobre un fondo monótono, cual las precisas siluetas de lo gañanes á la caída de la tarde, sobre el bruñido cielo.
Era una de esas posadas que hay en los arrabales provincianos, con grandes caballerizas y pequeños cuartos para dormir, donde se ven en medio del patio gallinas picoteando la avena bajo los cabriolés llenos de barro de los viajantes de comercio; buenos viejos albergues, con balcón de madera carcomida, que crujen al viento en las noches de invierno, siempre llenos de gente, de barullo y de comida, con mesas negras embadurnadas de té o café con aguardiente, con gruesos cristales amarillos para las moscas, y servilletas húmedas manchadas de vino tinto, y que, oliendo siempre a pueblo, como gañanes vestidos de burgueses, tienen un café a la calle, y por la pane del campo, una huerta de verduras.
Y tú, mozo, oye: mátalo luego y echa las entrañas y asadura a nuestros perros, y la otra carne guárdala para que coman los gañanes, porque polvoreada ceniza encima del cuero lo llevaremos a sus señores, y, finalmente, podemos mentir diciendo que lo mató un lobo.
Así es que los lugareños tienen que recorrer á las veces en su mula no chico trecho hasta llegar á su labranza, donde trabajan, uno aquí otro allá, aislados, y los gañanes no pueden hasta la noche volver á casa, á dormir el reconfortante sueño del trabajo sobre el escaño duro de la cocina.
Ya llegan mis gañanes con las yuntas canturreando la canción primera que les arranca el equilibrio plácido del bien venir de la mañana buena.