furioso

(redireccionado de furiosas)
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furioso, a

(Del lat. furiosus.)
1. adj. Que se comporta con furia está furioso por lo que le has hecho. enfurecido, enojado, irritado
2. Que está loco y es violento. enajenado
3. Se aplica a lo que es violento, grande o excesivo tiene unos celos furiosos; dolor furioso. terrible, tremendo

furioso, a

(Voz italiana.)
adj. MÚSICA Que tiene un carácter violento allegro furioso.

furioso, -sa

 
adj. Poseído de furia.
Loco que ha de ser sujetado.
fig.Violento, terrible.
Muy grande y excesivo.

furioso, -sa

(fu'ɾjoso, -sa)
abreviación
persona que está muy agitada o violenta a causa de un gran enojo Como no le dejaron entrar, se puso furioso.
Traducciones

furioso

furieux

furioso

rozzuřený, vzteklý

furioso

rasende, vred

furioso

raivostunut, vihainen

furioso

bijesan, ljut

furioso

怒り狂った, 腹を立てた

furioso

격노한, 화가 난

furioso

boos, woedend

furioso

wściekły

furioso

arg, rasande

furioso

โกรธ

furioso

bực bội, điên tiết

furioso

狂怒的

furioso

ADJ (= con rabia) → furious; (= violento) → violent; (= frenético) → frantic
estar furiosoto be furious
ponerse furiosoto get mad, be furious

furioso-a

a. furious, frantic.

furioso -sa

adj furious
Ejemplos ?
El novio caía al suelo de golpe, como piedra que se desprende del monte y rueda, inerte y sorda, hasta el llano. Un año estuvo medio lunático el pobrecillo, haciendo mil extravagancias, ya melancólicas, ya furiosas.
Visto el rito que a los suyos enlaza, el tercer sol sus rayos aún no traza cuando parte con presuroso paso con inquietud por no faltar al plazo. Mas aparece una lluvia incesante, aguas furiosas de los montes bajan y airados torrentes las tierras sajan.
-repuso el lechero continuando como si no hubiera recibido respuesta y hablando más bien, según me pareció (por el tono y las miradas furiosas que lanzaba hacia el interior), para que le escuchase alguien que estaba dentro de la casa, que para la criadita- porque hace ya tanto tiempo que esta cuenta va corriendo, que empiezo a creer que va a seguir corriendo siempre, y luego va a ser difícil atraparla.
—¡Ven, ven! —dijo Durcet, que le veía lanzar miradas furiosas a Agustina—. Vamos a escuchar a la Duelos, es la hora; pues estoy persuadido de que si ahora te soltaran las riendas, hay una pobre putilla que pasaría un cuarto de hora muy malo.
Y hasta hubo un momento, pues nada es tan inconsecuente como un libertino, un momento, digo, en que iba a acusar por ello a esta pobre desgraciada, que totalmente confundida por haber cedido a la naturaleza, ocultaba su cabeza entre las manos e intentó huir de su puesto. —¡Qué me traigan otra! —dijo el duque, lanzando furiosas miradas a Agustina—. Las chuparé todas antes que no perder mi semen.
Pero, bien que mal, la casuca era un refugio, y desde ella se gozaba de una buena vista sobre el mar, aquel mar cuyas furiosas olas se estrellaban contra el malecón, salpicando con sus gotas salobres la pobre choza, y tal como era, ésta seguía en pie mucho tiempo después de estar muerto el que había cocido los ladrillos.
Los cimientos que levantaban la nueva población, estaban hechos con girones de sus propias vidas, porque tuvieron que luchar hasta el sacrificio en un medio hostil y amenazante por las furiosas crecientes del Jubones, especialmente durante la estación invernal, que les impedía avanzar hacia otros sitios vecinos.
¿Se imagina usted un mundo de gentes furiosas, de cráneo seco, moviéndose en los subterráneos de las gigantescas ciudades y aullando a las paredes de cemento armado: «¿Qué han hecho de nuestro dios?...» ¿Y las muchachitas y las escolares organizando sociedades secretas para dedicarse al sport del suicidio?
Cerró la noche, pero en medio de la oscuridad voló un brillante cohete desde la costa al buque embarrancado; el cohete arrojó un cable, quedó establecida la comunicación entre los náufragos y la costa, y pronto una linda joven fue transportada en la canasta de salvamento por sobre las olas encrespadas y furiosas; y se sintió infinitamente dichosa cuando, poco después, tuvo a su lado, en tierra firme, a su joven esposo.
Se enredaba voluptuosa en las montañas. La mujer temblaba... Las llantas rechinaban furiosas en las curvas... Cuando daba vuelta a una de ellas, un autobús apareció.
“¿Adonde han ido a coger, adonde han ido a reunir, todo lo que hay de abejas, de avispas?” Pegadas así, mordían los ojos; las bestezuelas se abatían furiosas sobre cada uno de los hombres.
Otra lengua clama y dice: "Vivas, ¡oh blanca paloma!, que nos has de dar por crías águilas de dos coronas, para ahuyentar de los aires las de rapiña furiosas; para cubrir con sus alas a las virtudes medrosas".