Ejemplos ?
Los logreros perdieron las escrituras en que la avaricia, fingidamente alegre, tenía puesto el pensamiento; pero yo todo lo tengo libre y sin lesión.
Más allá, donde los desocupados solían jugar al tute, un joven muy guapo, de barba y cabellos castaños fingidamente enmarañados, de mirada serena y azul, de boca impecable, de manos aristocráticas, vestido con elegante traje de franela blanca a listas rojas, y resguardada del sol la hermosa cabeza por un amplio pavero de castor, sentábase en tosca banqueta, y con el pie en el aire, se lo palpaba con una mano, intentando calcular la importancia del daño recibido.
Pero, a trueco que no digas que en la primera cosa que me mandaste dejaste de ser obedecida, yo perderé del derecho que debo a ser quien soy, y satisfaré tu deseo y el de Halima fingidamente, como dices, si es que se ha de granjear con esto el bien de verte; y así, finge tú las respuestas a tu gusto, que desde aquí las firma y confirma mi fingida voluntad.
Fueron al aposento de su yerno y halláronle, como se ha dicho, siempre clavados los ojos en su esposa, a la cual tenía asida de las manos, derramando los dos muchas lágrimas: ella, con no más ocasión de verlas derramar a su esposo; él, por ver cuán fingidamente ella las derramaba.
Pronto el Cronión intentó zaherir a Hera con mordaces palabras; y hablando fingidamente, dijo: —Dos son las diosas que protegen a Menelao, Hera argiva y Atenea alalcomenia; pero sentadas a distancia, se contentan con mirarle; mientras que la risueña Afrodita acompaña constantemente al otro y le libra de las Moiras, y ahora le ha salvado cuando él mismo creía perecer.
Continúan ellos por el camino emprendido; lo continúan, aun después de reprendidos y condenados, encubriendo su increíble audacia con la máscara de una aparente humildad. Doblan fingidamente sus cervices, pero con sus hechos y con sus planes prosiguen más atrevidos lo que emprendieron.
En lo que no me contuve ni me reprimí, ni había para qué, fue en la manifestación externa de mi entusiasmo fingidamente artístico.
Pero como hacen dioses a los que son demonios, suplicando y adorando a los espíritus inmundos, vienen a caer en poder de los que no son dioses, sino demonios De la misma manera, como no pudieron hallar para Marte algún elemento o parte del mundo adonde como quiera ejercitara alguna obra natural, dijeron que era dios de la guerra, que es obra de los hombres y no de la codicia; luego si la felicidad nos diera una paz sólida y perpetua, Marte no tuviera en qué entender; y si Marte es la misma guerra, así como Mercurio la palabra, ojalá que cuán claro está que no es dios, así no haya tampoco guerra que ni aun fingidamente se llame dios.
Qué derrumbamiento de la admiración provocada a través de poses, publicaciones, entrevistas, declaraciones, risotadas y otras burlas hacia quienes desde el primer lustro de los setenta se han considerado los rebeldes, los bucaneros, los minifalditas de la literatura mexicana, cuando se va leyendo que en Actual Número 1 de Manuel Maples Arce en 1922 ya han aparecido los motivos que han servido a muchos para llamar a nuestro país “Mexiquito de las Nopaleras, región transparente donde no hay calidad profesional de literatos, donde son tan anticuados, donde un patrioterismo negativo basado en un ignorante concepto de nuestra nacionalidad oculta otros intereses fingidamente altruistas, donde las inmovilidad todo lo carcome”.
Parece ser que esta carta llegó a manos de don Eugenio a tiempo que pudo causarle la muerte, porque, como doña Isabel huviesse llegado a los humbrales della, quedando con suficiente desengaño del mundo, quiso poner por execución de veras lo que fingidamente propuso de burlas; que, aunque la afición que a don Fadrique tenía no era encaminada a mal si de buen natural nacía ser como he dicho, de conocimiento del mundo junto con ella mayor efecto avía de nacer, de manera que dispensó sólo que no fuesse en Salamanca, porque no tenía ya para qué.
Si alguno venía a visitarme me hablaba fingidamente e iba recogiendo en su corazón falsedades y mentiras, y al salir fuera las comunicaba con otros que me tenían la misma voluntad.
Estos efectos (desapariciones, transformaciones, uniones, lecturas de la mente, etc), que fingidamente hacen parecer realidad lo imposible, se conocen como efectos, juegos de magia, ilusiones y vulgarmente como trucos de magia.