finado

(redireccionado de finada)
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finado, a

s. culto Persona que ha muerto el notario se dispuso a leer el testamento del finado. cadáver, difunto

finado, -da

 
m. f. Persona muerta.

finado, -da

(fi'naðo, -ða)
sustantivo masculino-femenino
persona que está muerta el entierro del finado
Sinónimos

finado

, finada
sustantivo
Traducciones

finado

spät

finado

laat

finado

متأخر

finado

późno

finado

pozdě

finado

/a
A. ADJlate, deceased
el finado presidentethe late president
B. SM/Fdeceased
C. SM (Téc) → finishing
Ejemplos ?
—Quería decirle, don Morán, que Alicia... Los puños de Morán se cerraron. ¡Todavía! —...es finada ya. —Ha muerto... ¿Pero cómo? ¿De qué?
Don Pedro, cordobés aporteñado, cuyo rancho ocupaba, desde hacía veinte años, la mejor loma del campo, apreció, como lo merecía, la excepción hecha a su favor, que le permitía quedar en la querencia, donde había vivido tantos años, con la finada su mujer, y donde dejaba correr despacio los días, cuidando, con sus dos hijos, las pocas ovejas que le había dejado lo que él llamaba la mala suerte.
Bonavita y que yo leí cuidadosamente hace muchos años, cuando dicho precioso documento estaba en poder de la finada Doña Pilar de Herrera y de Arteaga-confirma en parte y en parte rectifica el “SUELTO”- sarcásticamente irónico- del Dr.
Y antes que juese de día recé a la muerta primero un bendito, y en mi obero al tranquito me salí; dende la cuchilla vi la gente de la partida, y por no arriejar mi vida más ligero que una luz, los dejé haciendo la cruz cerquita de la finada, llegando en la madrugada al Uruguay con salú.
Aún no asomaba la aurora del día siguiente, cuando monté y partí para la hacienda, despidiéndome de Ángel que quedaba todavía unos días más, por los asuntos que habían motivado su arribo a Santiago. Finada la primera jornada del camino, acontecióme algo inaudito.
No se metan a pleitear; si no se reparten todo a las buenas, de lo que ha dejado la finada, no les va a quedar ni un peso; de modo que cualquier arreglo vale más que irse ante el juez.
Me la mandó, señor, numerosa, como usted ve. Cuando murió mi pobre finada -que en paz descanse-, en el 82, teníamos ya treinta y cinco nietos.
¿Por qué prometió casarse con ella, sabiendo que no puede hacerlo? Debe quedar en viudo por respeto a su finada. En el lecho de muerte, ésta le arrancó tal juramento que ha de cumplirlo.
Todos, desde el más grande hasta el más chico, fueron a prosternarse ante el hijo del rey, y a ofrecerle sus servicios, hasta la hora en que, finada la tarde, cubrió la noche la tierra con sus sombras.
-Yo, a decir verdad -contestó Tula- quisiera también «andar acompañada», porque tengo un miedo loco a las ánimas y no paso de noche ni a tirones por el cementerio desde que enterraron a la finada Melchora y al difunto Melitón, su compadre, porque como anduvieron en enriedos, todas las noches salen sus ánimas de las sepulturas y bailan un gato endiablado sin poder juntarse nunca...
Es la única mujer capaz de hacerle faltar a su promesa. Quiere matrimonio. Si la complace, empezará a temer el encuentro de ultratumba con la finada. Tendrá miedo a la muerte.
Con sólo conseguir de uno de ellos un poder en forma, ya se podía armar una de esas embrollitas capaces de disolver, en trampas y gastos de justicia, algo más de la herencia. Y en esto se ocuparon sigilosamente dos o tres de los buenos amigos que, en el pueblito, tenían los hijos de la finada.