filósofo

filósofo, a

(Del lat. philosophus < gr. philosophos, intelectual < phileo, amar + sophos, sabio.)
1. s. FILOSOFÍA Persona especialista en filosofía.
2. Persona serena y resignada ante las adversidades.
3. adj./ s. Que imita o pretende imitar a los filósofos. afilosofado

filósofo, -fa

 
adj. Filosófico.
m. f. Persona que por profesión o estudio se dedica a la filosofía; esp., creador de un sistema filosófico.
Hombre virtuoso y austero que hace vida retirada.

filósofo, -fa

(fi'losofo, -fa)
sustantivo masculino-femenino
persona que se dedica a la filosofía El filósofo enseñaba a sus discípulos.
Traducciones

filósofo

philosopher

filósofo

Philosoph

filósofo

filosofo

filósofo

philosophe

filósofo

filosoof

filósofo

filósofo

filósofo

الفيلسوف

filósofo

filozof

filósofo

философ

filósofo

哲学家

filósofo

哲學家

filósofo

filosof

filósofo

הפילוסוף

filósofo

哲学者

filósofo

철학자

filósofo

/a SM/Fphilosopher
Ejemplos ?
Me parece esto verosímil, dijo Cebes, pero lo que dijiste al mismo tiempo, de que el filósofo desea voluntariamente la muerte, me parece extraño, si es cierto que los dioses necesitan de los hombres, como acabas de decir, y que los hombres son una pertenencia de los dioses.
Tomó Demetrio Policertes la ciudad de Megara; y habiendo preguntado a Stilpón filósofo qué pérdida había hecho, le respondió que ninguna, porque tenía consigo todos sus bienes, no obstante que el enemigo le había despojado de su patrimonio, robándole sus hijas, y violado su patria.
—Pues yo no entiendo aún tu comportamiento... Nada haces por vivir... Eso de sentirse filósofo esta bien pero... tienes lo que yo tanto ansio.
Sócrates: ¡Picaruelo! ¿es Critias o algún otro filósofo el que te ha sugerido esa idea? Critias: Algún otro seguramente, porque a mí no lo ha oído.
El era el gran señor, el sabio, el filósofo, el artista, el conocedor de todas las ciencias: sabía medicina y botánica; astronomía y matemáticas; y arquitectura y física; y química y zoología.
No hay otra salida para el filósofo, ya que no puede suponer la existencia de ningún propósito racional propio en los hombres y en todo su juego, que tratar de descubrir en este curso contradictorio de las cosas humanas alguna intención de la Naturaleza; para que, valiéndose de ella, le sea posible trazar una historia de criaturas semejantes, que proceden sin ningún plan propio, conforme, sin embargo, a un determinado plan de la Naturaleza.
Respuesta.-El primero y principal de todos es el que tiene el supremo autor de la naturaleza sobre esta gran maquina del Universo que ha salido de su mano omnipotente: él la dirije y la mantiene en este concierto admirable que espanta al filósofo: él cuida de los negocios humanos: el forma, eleva, abate, o destruye los grandes imperios con solo un acto de su voluntad soberana, concurriendo a todo esto como causa primera y universal, y dejando obrar a las causas segundas que son las inmediatas de todos los sucesos humanos.
Texto Los apasionados de Julio César, que discurrían con la venganza de su muerte, dijeron que Junio Bruto no dejó hijo alguno, y que Marco Bruto decendía de un despensero de Junio. Mas Posidonio, filósofo, cuenta que Junio tuvo tres hijos; que murieron los dos, y que vivió el tercero.
Plutarco, en la Vida de Foción, sumo filósofo y general invencible, dice que, estando Atenas en la postrera ruina por las armas de Filipo, rey de Macedonia, llegó nueva que Filipo era muerto; y como los viles y abatidos consultasen que por la muerte de tan grande enemigo se hiciesen a los dioses sacrificios públicos, alegrías y juegos, Foción, ásperamente, lo estorbó, diciendo era señal de ánimo cobarde y confisión vergonzosa del temor rústico de la república hacer fiestas por la muerte de su enemigo, y reprehendió con unos versos de Homero a Demóstenes, porque habló mal de Alejandro su hijo de Filipo.
Mira, querido mío, si pensaras como yo, porque ello nos daría mucha luz para lo que buscamos. ¿Te parece propio de un filósofo buscar lo que se llama el placer, como el comer y beber?
o desprecio con que sistemáticamente se abstenía de llevar la contraria a su ilustre primo, cruzó los brazos a lo filósofo, clavó la vista en el techo de la alcoba, y se puso a silbar el himno de Riego.
—repite lo de siempre—. ¡Árida montaña de dolores...! —¡Ya filósofo! Ve a tu casa a curártela, mano... —grita un bromista al hombre del discurso.