Ejemplos ?
Los aguadores festejaban anualmente, en la iglesia de San Francisco, a San Benito, patrón del gremio, y era para ellos ese día de ancho holgorio.
Entonces la Golondrinita voló por la gran ciudad y vio a los ricos que se festejaban en sus magníficos palacios, mientras los mendigos estaban sentados a sus puertas.
Los cantores festejaban a la raquítica pareja con esta seguidilla: «Chiquitita la novia, chiquito el novio, chiquitita la sala y el dormitorio; chico el salero, chiquitita la cama y...
El más famoso de los nacimientos de Lima era el que se exhibía en el convento de los padres belethmitas o barbones. Y era famoso por la abundancia de muñecos automáticos y por los villancicos con que festejaban al Divino Infante.
Dotado de gracia y gentileza, y siendo de los más poderosos señores del país, habría despertado la simpatía de la cacica más rebelde; pero perdida de amores su alma por la cruel Loarina, podía aspirar tan solo a la lenta y continua agonía de una existencia triste y solitaria; como el vivir de envejecida seiba, abandonada de los pajarillos que su seno albergó y que la festejaban con sus cantos.
Todos los habitantes de Lima se hallaban a esa hora entre palomas y en lo mejor del sueño, y se lanzaron a la calle preguntándose cuál era la halagüeña noticia que con lenguas de bronce festejaban las campanas.
Mientras los huéspedes de más alta posición social se divertían en los magníficos salones de su palacio, don Ramón, acompañado de su señora, quiso dar una vuelta por los jardines para cerciorarse por sus propios ojos de que también sus convidados más humildes, sus capataces, puesteros, peones y colonos festejaban en debida forma el feliz acontecimiento.
Así que sigo el relato con relámpagos y aullidos, entre fieros alaridos, y los chirridos de gato. Sucedió que festejaban con sus peculiares danzas las sangrientas alabanzas a todo lo que hechizaban.
Cuchipanda en regla. De igual manera festejaban los frailes el éxito de un capí- tulo. A veces la corrida de novillos se efectuaba en la plazuela, con gran contentamiento del pueblo.
No era extraño tampoco que grupws de pueblo se detuvie- sen en la calle donde habitaba el derrotado, quemando cohe- tes, y mortificándolo con vítores á su afortunado rival. También al conferirse un grado de doctor, los amigos del agraciado lo festejaban con vítores, y aun con corrida de toros.
Y ante las bromas que realizaba y las ocurrencias que se ufanaba en pregonar, todos reían y lo festejaban, mientras les convidaba las cervezas en la tienda de la esquina.
Hallábase silencioso, casi desierto: los trabajadores festejaban el domingo en las tabernas vecinas o en los bosques, dando caza a las aves y a las fieras.