feo-

feo-

 
Prefijo procedente del gr. phaiós, oscuro, negruzco.
Ejemplos ?
-El tiro que sonó primero -prosiguió diciendo la llamada Angustias-, y a que han contestado las tropas de la Puerta del Sol, debió de dispararlo desde la buhardílla del número 19 un hombre muy feo, a quien estoy viendo volver a cargar el trabuco...
Mi tía y señora recobró el tono autoritario: —¡Calla!... Eres el más admirable de los Don Juanes: Feo, católico y sentimental. Era tan vieja la buena señora, que había olvidado las veleidades del corazón femenino, y que cuando se tiene un brazo de menos y la cabeza llena de canas, es preciso renunciar al donjuanismo.
Ya Petreyo y Juba se encontraron y cayeron heridos cada uno por la mano del otro: egregia y fuerte convención del hado, pero no decente a mi grandeza, siendo tan feo a Catón pedir a otros la muerte como pedirles la vida.» Tengo por cierto que los dioses miraban con gran gozo, cuando aquel gran varón, acérrimo vengador de sí, estaba cuidando de la ajena salud, y disponiendo la huida de los otros; y cuando estaba tratando sus estudios hasta la última noche, y cuando arrimó la espada en aquel santo pecho, y cuando, esparciendo sus entrañas, sacó con su propia mano aquella purísima alma, indigna de ser manchada con hierro.
Sócrates: Un adivino sabe en esta materia más que tú. Alcibíades: Seguramente. Sócrates: Ya sea pequeño o grande, hermoso o feo, de alto o bajo nacimiento. Alcibíades: Ciertamente.
Cualquiera puede advertir en sí mismo sus primeros destellos y, según si los que provienen de fuera se les adaptan o no, así se van formando las ideas que uno tiene acerca de lo bello y lo feo en todas las cosas.
Dios me hizo feo (y no lo digo por alabarme), y fué el caso que zumbando yo más que un tábano al oído de una joven, á la que cantaba el credo cimarrón que cantan los enamora- dos, encontró la mamá, que nunca me tuvo por ángel de su coro, la manera de ahuyentarme, y fué ella pedirme que le obsequiase mi tarjeta fotográfica.
Por muerte de don Juan Fermín, recayó el título en su pri- mogénito don Juan Fulgencio que era, en lo físico, un feo con efe de fonda de chinos, y en lo moral un candido de los de som- brero con cuña.— ¿Qué se vende en esta tienda?— Cabezas de borrico, contestó amostazado el mercader.— Si la de usted es la de muestra, no compro, y sigo mi camino.— El cuentecito podría aplicársele al de Torre-hermosa.
Y desde otro punto de vista, si se concediera con qué cuidado coloca un padre cerca de sus hijos a un preceptor que vele por ellos y que el deber principal de este preceptor es impedir que hablen con los que los aman; que sus mismos camaradas se burlan de ellos si los ven mantener un comercio semejante y que los ancianos no se oponen a estas burlas y no riñen a sus autores; al ver esto que es costumbre en nuestra ciudad, ¿no se creería que vivimos en una país donde la gente se avergüenza de formar semejantes amistades íntimas? He aquí como hay que explicar esta contradicción: el amor, como dije antes, no es bello ni feo por sí mismo.
Una mañana el peón nos dijo que por su casa había andado uno la noche anterior, y que había mordido al suyo. Dos noches antes, un perro barcino había aullado feo en el monte.
¿Tengo yo alguna danza de monos en la cara? -¡Hombre! ¡Me río pensando en lo muy feo que va usted a estar con los anteojos ahumados. -¡Mejor que mejor!
Y las bombillas eléctricas, semejantes a lunas destelleantes y pálidas, a huevos de luna caídos del cielo, a perlas monstruosas, vivas, hacían palidecer bajo su claridad nacarada, misteriosa y real, los hilos del gas, del feo y sucio gas, y las guirnaldas de cristales coloreados.
El espectáculo que ofrecía entonces era animado y pintoresco aunque reunía todo lo horriblemente feo, inmundo y deforme de una pequeña clase proletaria peculiar del Río de la Plata.