felpa


También se encuentra en: Sinónimos.

felpa

(Del alem. felbel, terciopelo.)
1. s. f. TEXTIL Tela aterciopelada de algodón, seda, lana u otra fibra, que tiene pelo o pelusilla por una cara.
2. coloquial Tunda o zurra de golpes. paliza
3. coloquial Reprensión áspera y severa.

felpa

 
f. Tejido aterciopelado que tiene pelo por el haz.
Especie de peluche.
fig. y fam.Zurra de golpes.
fig. y fam.Rapapolvo.

felpa

('felpa)
sustantivo femenino
1. textile tela de algodón de textura suave y absorbente usada para hacer diversos productos un repasador de felpa
2. textile tela de fibra sintética similar al terciopelo usada para forrar prendas de invierno y otros productos La niña coleccionaba muñecas de felpa.
Traducciones

felpa

vlna

felpa

fleece

felpa

Vlies

felpa

lampaan turkki

felpa

ovčja koža

felpa

フリース

felpa

양털

felpa

saueull

felpa

wełna

felpa

felpa

fleece-tröja

felpa

ผ้าขนแกะ

felpa

post

felpa

vải fleece

felpa

SF
1. (= tejido) [de toalla, camisa, pañal] → (terry) towelling; [de sillón, moqueta] → plush
ositos de felpafurry teddies
2. (= paliza) → hiding; (= reprimenda) → dressing-down, ticking-off
echarle una felpa a algnto give sb a dressing-down o ticking-off
Ejemplos ?
De su traje no hay que decir, por ser cosa de cajón entre la gente rica de aquellos pueblos, que consistía en unas albarcas de piel de toro, tomiza y parella; medias de lana; calzón corto, de paño burdo muy oscuro; chaqueta de lo mismo; chaleco celeste, de raso, rameado de amarillo; canana de cuero en vez de faja, y un enorme sombrero, bajo cuya ala, ribeteada de felpa, sesteaba muy cómodamente toda su autoridad...
Su chaqueta era negra, adornada con abalorios negros y con una orla de pequeñas cuentas de azabache. El vestido era color marrón, algo más oscuro que el café, con una pequeña tira de felpa púrpura en el cuello y en las mangas.
En el hombre tiene quizá mayor importancia la rodillera del pantalón. Según ha podido usted advertir, esta mujer lucía felpa en las mangas, y la felpa es un material muy útil para descubrir rastros.
Las enredaderas descolgándose del muro; las parietarias revistiéndolo de felpa y follaje caprichoso; las altas agrostis tendiendo su nubecilla, su misterioso asfumino vegetal; la misma zarza de rosados ramilletes..., ofrecen un aspecto graciosamente libre, encantador.
o tudesco, de finísima felpa, dije al susodicho mi criado: «Que pase esa persona», es decir, esa dama incógnita, ese vizconde elegante, ese matachín de moda, ese bandido generoso o ese marido agraviado...
Corralillo, un moreno melado, con ojos de endrina y barba de felpa; Escalante, un rubio belicoso, de bigotes metálicos y ganchudos, a lo káiser, se alabaron de cosas mejores para calladas que para dichas, y las discusiones con tal motivo enzarzadas adquirieron un tinte asaz grotesco.
En un tordillo fogoso, de africana yegua parto, que de alba espuma salpica el pretal, el pecho y brazos, que desdeñoso la tierra hiere a compás con los cascos, que una purpúrea gualdrapa con primorosos recamos, de felpa y ante la silla, en el testero un penacho, la cabezada y rendaje de oro y seda roja, y lazos en el cordón y en las crines soberbio ostenta y ufano, a combatir con el toro sale aquel señor gallardo.
Almamía, el amigo íntimo, el de los juegos delicados y caprichosos, el de la blancura de algodón boricado, el de las manitas de felpa, se le acerca con volteretas y movimientos de trapo; hace el arco, ronca, y, pasándole el lomo por los bracitos, le pone el hocico y el bigote hirsuto en las mejillas.
No fumábamos cigarrillo, no calzábamos guantes, no la dábamos de saberlo todo, ni nos metíamos a politiquear y hacer autos de fe, como hogaño se estila, con el busto de ningún viviente, siquier fuese ministro caído. ¡Buena felpa nos habría dado señora madre en el territorio del Sur!
Los guardias con calzado de felpa se acercaban a cada puerta cerrada con candado y atisbaban con ojos consternados grises figuras en el suelo, preguntándose por qué se arrodillaban a rezar quienes jamás antes rezaran.
Hermenegildo, que así se llamaba el mayordomo, y que era hombre acostumbrado a despreciar amenazas, le duplicó la ración de látigo; y, sea por tirria o por congraciarse con los amos del negro, no dejaba pasar día sin arrimarle una felpa.
Todas las puertas estaban abiertas; en la salita, sobre la gran mesa de rudo castaño, el criado había puesto la encendida lámpara, y contra su tubo de cristal, las falenas, idealistas empedernidas, soñadoras de la luz, se destrozaban las alas de polvillo de plata y los coseletes de felpa, cayendo abrasadas en un éxtasis de martirio.