feliz


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feliz

(Del lat. felix, -icis.)
1. adj. Que tiene o siente felicidad era un matrimonio feliz. dichoso
2. Que causa felicidad pasaron días felices en aquella casa; aquel drama tuvo un desenlace feliz. afortunado, venturoso
3. Que es oportuno o eficaz se le ocurrió una idea feliz para resolver el problema; tiene una memoria feliz. acertado
4. no hacer feliz coloquial Desagradar, no ser conveniente una cosa para una persona esta mezcla de colores no me hace feliz.

feliz

 
adj. Que tiene o goza felicidad.
Que ocasiona felicidad.
Oportuno, acertado, eficaz.

feliz

(fe'liθ)
abreviación
1. que se siente satisfecho de manera plena hombre feliz
2. que implica felicidad Recuerdo mi infancia como un periodo feliz.
3. que es oportuno o es el momento justo feliz coincidencia
Sinónimos

feliz

adjetivo
1 dichoso, venturoso, afortunado, fausto (formal), contento, satisfecho, esplendoroso, dorado*, despreocupado*.
Dichoso, venturoso, afortunado y fausto se aplican a personas o cosas. Contento y satisfecho, solo a personas. Esplendoroso y dorado a épocas o a períodos. Despreocupado se aplica a la persona que vive feliz porque no se aturde con las responsabilidades o no tiene preocupaciones.

feliz:

eficazatinado, acertado, oportuno, adecuado,
Traducciones

feliz

feliç

feliz

feliĉa, kontenta

feliz

boldog

feliz

うれしい, 幸福な

feliz

beatus, felix

feliz

feliz

feliz

fericit

feliz

快樂, 快乐的

feliz

šťastný

feliz

glad

feliz

onnellinen

feliz

sretan

feliz

행복한

feliz

glad

feliz

lycklig

feliz

เป็นสุข

feliz

mutlu

feliz

hạnh phúc

feliz

Щастлив

feliz

שמח

feliz

ADJ
1. [persona, acontecimiento, idea] → happy
se la ve muy felizshe looks very happy
el asunto tuvo un final felizthe affair had a happy ending
¡Feliz Año Nuevo!Happy New Year!
hacer feliz a algnto make sb happy
"y fueron o vivieron felices y comieron perdices""and they lived happily ever after"
2. (frm) (= acertado) [expresión] → apt

feliz

a. happy; felicitous.

feliz

adj happy
Ejemplos ?
Vivía yo feliz de mi fortuna rica, bella, gentil, moza, princesa; hoy baja y pobre soy, sin dicha alguna; y si hay suerte peor, mi suerte es esa.
Encontraba que estar allí, a sus piececillos, bajo el hálito pacífico del buey y de la mula; ser uno más en el sacro bestiario, era una suerte mejor que la de antes, una suerte feliz.
Bajo el cielo y el aire candentes, a la descubierta por el abra de espartillo, el hombre devuelve a casa con su hijo, sobre cuyos hombros, casi del alto de los suyos, lleva pasado su feliz brazo de padre.
—También ellos—dijo mi amado—estarán eternamente juntos. —Pero yo estoy contigo—murmuré yo, alzando a él mis ojos, feliz. Y nos olvidamos otra vez de todo.
Así, para elogiar al amor, hay que decir primeramente quién es y a continuación hablar de sus beneficios. Digo, pues, que de todos los dioses, si puede decirse sin cometer un crimen, es el más feliz, porque es el más bello y el mejor.
No hay ni una sola piedra en aquella Tierra feliz que no sea infinitamente más bella que las nuestras y la causa de ella es que todas aquellas piedras preciosas son puras, que no están corroídas ni estropeadas, como las nuestras, por la acritud de las sales ni por la corrupción de los sedimentos que de allí descienden a nuestra Tierra inferior, donde se acumulan e infectan no sólo la tierra y las piedras, sino los animales y las plantas.
Además de todas estas bellezas abundan en aquella Tierra feliz el oro, la plata y otros metales que, distribuidos con abundancia en todas partes, proyectan de todos lados un brillo que deleita la vista, de suerte que el contemplar aquella Tierra es un espectáculo de los bienaventurados.
-Güeno -dijo éste con voz más firme tras un breve silencio-, lo cierto es que a mi compadre al ver aquello se le ablandaron las entrañas y encomenzó a decir que aquello era un contra Dios y que yo estaba pidiendo a voces un grillete, y, camará, nunca lo hubiera dicho; al oírlo mi María se revolvió contra él como una fiera diciéndole que yo era más güeno que San Juan Evangelista, y que sí yo me había gastáo los cuatro ochavos que tenía, no había sío en vicios, sino que lo había perdío en malos negocios y que ella era tan feliz que no se cambiaba ni por la reina de España...
Y les contó toda su infancia; y los ratoncillos, que jamás oyeran semejantes maravillas, lo escucharon y luego exclamaron: - ¡Cuántas cosas has visto! ¡Qué feliz has sido!
Juan le dijo adiós con una inclinación de cabeza; el duendecillo agitó la gorra colorada y, poniéndose una mano sobre el corazón, con la otra le envió muchos besos, para darle a entender que le deseaba un viaje muy feliz y mucho bien.
Pasó a bordo del barco propiedad de Peter Jensen, justamente el mismo en el que servía el joven piloto, el cual no vio la botella, aparte que lo más probable es que no la hubiera reconocido ni pensado que era la misma con cuyo contenido habían brindado por su noviazgo y su feliz regreso.
Pero a continuación les relató la Nochebuena, cuando lo habían adornado con dulces y velillas. -¡Oh! -repitieron los ratones-, ¡y qué feliz has sido, viejo abeto! -¡Digo que no soy viejo!