fanático


También se encuentra en: Sinónimos.

fanático, a

(Del lat. fanaticus, exaltado, frenético.)
1. adj./ s. SOCIOLOGÍA Que defiende con fanatismo, pasión o tenacidad excesiva una creencia, idea o una opinión los fanáticos religiosos me asustan. exaltado
2. Que siente gran entusiasmo o afición por una cosa siempre ha sido un fanático de las motos. aficionado, entusiasta

fanático, -ca

 
adj.-s. Que defiende con apasionamiento y celo desmedidos creencias u opiniones religiosas.
Entusiasmado ciegamente por una cosa.

fanático, -ca

(fa'natiko, -ka)
sustantivo masculino-femenino
1. sociología persona que defiende de modo exagerado una opinión o creencia sin respetar a los demás Los fanáticos rompieron el alambrado del estadio.
2. persona aficionada a una actividad determinada o la practica con entusiasmo fanático del motociclismo

fanático, -ca


abreviación
ecuánime que es propio de este tipo de personas actitud fanática
Sinónimos

fanático

, fanática
sustantivo
2 fan (anglic.), admirador*, entusiasta, hincha (en los deportes), devoto.
Traducciones

fanático

fanático

fanático

fanatique

fanático

fanatik

fanático

fanatiker

fanático

kiihkoilija

fanático

fanatik

fanático

熱狂者

fanático

광신자

fanático

fanaticus

fanático

fanatiker

fanático

fanatyk

fanático

fanatisk

fanático

ผู้คลั่งไคล้

fanático

fanatik

fanático

người cuồng tín

fanático

狂热者

fanático

/a
A. ADJfanatical
B. SM/F (gen) → fanatic (LAm) (Dep) → fan
es un fanático del aeromodelismohe's mad about model aeroplanes
los fanáticos de la estrellathe star's fans o admirers
Ejemplos ?
Aquella filosofía no me era nueva; la había leído de estudiante, hasta entonces llegaba a sentirla. Me convertí en un espiritista sincero; más aún, fanático en cuanto a la belleza de sus doctrinas.
Este agricultor se halla aherrojado a la tierra, a la que debe consagrar todas sus fuerzas vitales para conseguir un ingreso relativamente pequeño, tiene que entregar la mayor parte de su producto al Estado, en forma de impuestos, a la camarilla judiciaria, en forma de costas judiciales y al usurero, en forma de interés; no sabe absolutamente nada del movimiento social fuera de su limitado campo de acción y, sin embargo, se agarra con celo fanático a su terruño y a su derecho de propiedad puramente nominal sobre el mismo.
El Rey apuró el último sorbo, y dejando la taza me llevó al hueco de la ventana: —¡Con que nos ha salido otro cura faccioso!... Hombre leal y valiente, según me dicen, pero fanático...
Tal constituye hoy el espíritu fuerte y el filósofo, que, por idéntica razón, no debería ser más que un fanático del tiempo de la Liga; mas no se debe escribir para tales lectores cuando se quiere vivir más allá de un siglo.
Era esa hora última del día cuya influencia misteriosa y mágica a lo maravilloso predispone las imaginaciones entusiastas; esa hora febril en que el poeta, el loco y el fanático se exaltan, en que el supersticioso y el amante sueñan, y los enfermos se recargan.
También pudo ser que algún fanático hubiera intentado tapar todo aquello en beneficio del vecindario, o que algunos estudiantes hubieran montado esta farsa para atraer la atención de los periodistas.
Y es que con una gran soberbia intelectual y un odio fanático, en la ceguera de su vanidad como conquistadores, las supersticiones que ellos sí traían arrastrando desde más allá de su edad media, las aplicaron a aquel mundo nuestro lleno de prodigios, avances y armonía y les hizo pensar que toda esa distinta cultura, era obra de Satanás y otros demonios.
En 1994 ellos logran la paz pero a Rabin lo matan al año siguiente. Un fanático israelí que lo consideraba un traidor por haberse sentado a negociar con Siria y con Yasir Arafat.
Y Sócrates no había dicho que él no creyese en todo aquello, aunque tampoco afirmaba la realidad de lo descrito con la obstinada seguridad de un fanático; pero esto no era de extrañar en quien, aun respecto de las propias ideas, como las que había expuesto para defender la inmortalidad del alma, admitía con abnegación de las ilusiones y del orgullo, la posibilidad metafísica de que las cosas no fueran como él se las figuraba.
-¡Oh, gallo irreverente! -gritó el filósofo, ya fanático inquisitorial, y perdónese el anacronismo. Y acallando con un sofisma pseudo-piadoso los gritos de la honrada conciencia natural que le decía: «no robes ese gallo», pensó: «Ahora sí que, por el sacrilegio, mereces la muerte.
-me contestó-: entre nosotros no faltaba quien dijera, como ustedes hoy, que era, más que escuela de vicios, cátedra de moralidad; pero, sin embargo, yo opinaba mejor (y cuidado que no soy fanático) con el padre Prior que decía, cuando de ello le hablaban: «Podrán los devotos del teatro asistir a él como a una cátedra de virtudes; pero lo cierto es que en ninguna parte se predica más moral y más clara que en el púlpito, y si se pusiera la entrada a dos cuartos, tal vez ni los monaguillos nos escucharan.» De todos modos, el pueblo no echaba en falta esos pasatiempos: ¿a qué empeñarnos en dárselos cuando, por lo menos, le habían de crear una nueva necesidad?
En esto no he procedido ni con el odio del fanático ni con el estrecho criterio de un anticlerical; he visto más alto y con mayor amplitud de miras.