faldas

faldas


sustantivo femenino plural
1. mujeres en general A ese joven lo tienen mal las faldas.
2. hace referencia a la protección excesiva que una mujer ofrece Sigue pegado a las faldas de su madre.
Ejemplos ?
Con unos pocos trae las faldas llenas, otros trae bajo el brazo hechos un lío; y muchos a un zurrón echa el malvado que, al uso del pastor, le cuelga a un lado.
Al parecer, en sus faldas, decenas de coyotes se paseaban hambrientos, pues se escuchaba desde allá, el escándalo de sus aullidos agresivos.
Sentía claramente la madeja debajo de mis faldas y cuando intentaba cogerla, desaparecía y era tal cual si se me hundiese en las carnes.
La mencionada joven parecía el símbolo, o representación viva con faldas, del sentido común, tal equilibrio había entre su hermosura y su naturalidad, entre su elegancia y su sencillez, entre su gracia y su modestia.
¡Bien me lo había yo temido desde que nací! ¡Y bien me lo figuré en cuanto me vi rodeado de faldas la noche del 26 de marzo! ¡Inútil fue tu precaución, padre mío, de hacerme amamantar por una cabra!
Varias mujeres, sentadas en el suelo, sostenían en sus faldas y en sus brazos al expirante patriota, siendo las primeras en colmarlo de caricias y bendiciones, como antes fueron las primeras en 15 pedir su muerte.
Acullá se veían acurrucadas en hilera cuatrocientas negras destejiendo sobre las faldas el ovillo y arrancando uno a uno los sebitos que el avaro cuchillo del carnicero había dejado en la tripa como rezagados, al paso que otras vaciaban panzas y vejigas y las henchían de aire de sus pulmones para depositar en ellas, luego de secas, la achura.
Con verdadero delirio se abrazaron y besaron madre e hija, precisamente sobre el arroyo de sangre vertida por el capitán, y entraron al fin en la casa, sin que en aquellos primeros momentos se enterase nadie de que las faldas de la joven estaban agujereadas por el alevoso trabucazo que le disparó el hombre de la buhardilla al verla atravesar la calle...
-repuso el Capitán con sudores de muerte, pero con la mas noble efusión-. Ha hecho usted muy bien en hablarme... ¡Yo me sacrificaré viviendo entre faldas como un despensero de monjas! ¡Estaría escrito!
La luna plateaba el paisaje hermosamente bravío; mansa brisa hacia ondular las ramas de los nogales y quejigos; de vez en cuando cruzaba el espacio con vuelo blando y silencioso alguna que otra ave agorera proyectando en las riscosas faldas su fantástica silueta fugitiva; el silencio de la noche era turbado únicamente por el sonoro latir de los mastines, que velaban en los blancos caseríos y por el lento caminar de los contrabandistas que, jinetes en caballos enjutos y voladores, precedían y escoltaban las poderosas acémilas por las más ocultas veredas.
«Del modo, sabia maga que me vela --dijo a Melisa la ínclita doncella--, que tiempo atrás me diste cuento de la progenie varonil próspera y bella; con mujer de mi estirpe me consuela, si se puede contar alguna en ella que en belleza y virtud ventaja haga.» Y a esto respondió cortés la maga: «Veo venir detrás de tus espaldas madres de reyes y aun de emperadores, firmes columnas, púdicas guirnaldas de casas y de estados valedores; no menos dignas ellas en sus faldas que en armas son los hombres por honores, por piedad, corazón, por gran prudencia, por suma e incomparable continencia.
Las columnas enemigas que estaban desordenadas a mi frente se dividieron en dos y avanzaron por las faldas de la cordillera de cerros que forman la quebrada...