exhausto

(redireccionado de exhausta)
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exhausto, a

(Del lat. exhaustus, part. de exhaurire, vaciar de agua, agotar < haurire, sacar agua.)
1. adj. Que está muy cansado o agotado llegó exhausto a la meta. extenuado, vacío
2. Que está completamente consumido o agotado dejaron exhausto el yacimiento petrolífero. acabado

exhausto, -ta

 
adj. Apurado, agotado.

exhausto, -ta

(ek'sawsto, -ta)
abreviación
vigoroso que está cansado o agotado hombre exhausto
Sinónimos
Traducciones

exhausto

vyčerpaný

exhausto

udmattet

exhausto

erschöpft

exhausto

exhausted

exhausto

uupunut

exhausto

épuisé

exhausto

iscrpljen

exhausto

疲れきった

exhausto

기진맥진한

exhausto

uitgeput

exhausto

utslitt

exhausto

wyczerpany

exhausto

exausto

exhausto

utmattad

exhausto

เหน็ดเหนื่อย

exhausto

tükenmiş

exhausto

kiệt sức

exhausto

疲惫的

exhausto

ADJexhausted

exhausto-a

a. exhausted, fatigued.

exhausto -ta

adj exhausted, run-down
Ejemplos ?
El 28 de marzo, la 34ª División de Infantería reemplazó a una exhausta Tercera División en el frente de Cisterna; además unos 14 000 soldados de reemplazo llegaron a Anzio, y una División Armada norteamericana arribó también.
En cierta ocasión en que estaban cortando leña, Xinxinos cargó una pila de ella a la espalda y le preguntó a su madre donde debía dejarla, pero la madre, exhausta de la mala conducta de su propio retoño, le exortó a que la pusiera en los cuernos de la luna.
Cuando se vaciaba el río mediante el uso de la compuerta, el piso de la pileta era sometido a una exhausta limpieza, cuyos resultados duraban hasta el año siguiente.
A elle la dejan abandonada a su suerte luego de incendiar su granja. Sin embargo, Sonja sobrevivió, escapando de la casa hasta caer exhausta en el bosque.
Cuando la gira culminó en febrero de 1927, Lenglen había derrotado a Browne 38 matches a 0. Exhausta por la larga gira, se le dijo a Lenglen que necesitaba un prolongado período de descanso sin jugar para recobrarse.
Entremos, pues, lector mío, en una buhardilla lóbrega, desmantelada y exhausta de cuanto puede hacer cómoda la vida humana, en los pueblos civilizados de Europa; donde el hombre a precio pone la luz, el agua y la atmósfera; en donde pagan derechos y se venden y se compran cosas que Dios nos da gratis con mano opulenta y pródiga.
XXXIV Tan exhausta, si no tan acabada, halló no solo la real hacienda mas lastimosa aún a la insaciada del interés voracidad horrenda, que España, del marqués solicitada, generosa a su rey le hizo ofrenda; siglos de oro arrogándose la tierra, copia la paz y crédito la guerra.
Llevaba allí desde la mañana, casi exhausta, pero con los ojos luminosos y un brillo rojizo en la cara, producido por los últimos rayos del sol, que le daban en pleno rostro y se reflejaban también en las relucientes abrazaderas de la Biblia; ésta aparecía abierta en la página donde se leen aquellas palabras del profeta Joel: «¡Rueguen sus corazones y no sus vestidos, convirtiéndose al Señor!».
Y la desdichada cautiva, al volver de su largo desmayo, se encuentra a los pies de un amo, cuyas impuras miradas la codician; pero que aplazando sus tiránicas violencias la encierra en una suntuosa alcoba, dorada jaula, cuyas rejas la infortunada sacude una a una, con rabioso terror, mesando sus cabellos, invocando al cielo y al infierno, hasta que exhausta de fuerza cae exánime en tierra.
n la estación que más presto declina el sol del cielo y nuestro día llega a aquel que al otro lado quizá espera, viéndose sola en apartada vega, la exhausta viejecilla peregrina aprieta el paso y más, más se acelera; y así, sin compañera, al fin de su jornada quizás es consolada de algún breve reposo, en el que olvida la pena de la senda recorrida.
Mas por cuanto la misma mente o alma donde reside naturalmente la razón e inteligencia, por causa de ciertos vicios reprensibles y envejecidos, está exhausta de fuerzas, no sólo para unirse con su Señor gozando de Dios, sino también para participar de la luz inmutable hasta que, renovándose de día en día, y sanando de su mortal dolencia, se haga capaz de tanta felicidad, debió ante todas cosas ser instruida en la fe, y así quedar, purificada.
Los celajes van tornándose grisáceos y el viento gime sus preludios gélidos, lejos, distantes, a la eclosión solar, ha quedado la joven primavera y la lluvia fecunda del verano ha cesado de bañar con sus caricias la exhausta superficie de la tierra.