estupendo

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estupendo, a

(Del lat. stupendus, part. de stupere.)
1. adj. Que produce admiración por tener cualidades positivas en alto grado un coche es un regalo estupendo; tu hijo es un chico estupendo. fenomenal, maravilloso
2. coloquial Que tiene un gran atractivo físico tu hermana está estupenda.

estupendo, -da

 
adj. Admirable, muy bueno, asombroso.

estupendo, -da

(estu'pendo, -da)
abreviación
malo que resalta por sus características extraordinarias noche estupenda
Sinónimos

estupendo

, estupenda
adjetivo

estupendo:

de primerafenómeno, guay,
Traducciones

estupendo

famos, toll

estupendo

ADJmarvellous, marvelous (EEUU), great
¡estupendo!that's great!, splendid!
-no te preocupes, yo lo hago -¡estupendo!"don't worry, I'll do it" - "great!"
tiene un coche estupendohe's got a great o fantastic car
es estupendo tocando la trompetahe's great on the trumpet
Ejemplos ?
Cada vez que fijaba en el suelo uno de sus menudos pies, se espantaban las ranas que entre la hierba se hallaban ocultas y daban estupendos brincos, zambulléndose en el agua estancada.
Y los que no las creen tampoco deben creer que hizo Dios estupendos y admirables prodigios, pues que ni éstos, si se efectuasen según el curso ordinario de la naturaleza, se llamarían prodigios.
Los resortes me hundían las espaldas; parecía que sus puntas querían horadarme la carne entre las costillas, la malla de acero rígida en una zona se hundía desconsideradamente en un punto, en tanto que en otro por maravillas de elasticidad elevaba promontorios, y a cada movimiento que hacía el lecho gañía, chirriaba con ruidos estupendos, a semejanza de un juego de engranajes sin aceite.
De esta manera Maimum esperaba llegar a dominar por completo el mundo musulmán. Excuso decirle que los directores del movimiento eran unos cínicos estupendos, que no creían absolutamente en nada.
Donaremos a los hombres milagros estupendos, deliciosas bellezas, divinas mentiras, les regalaremos la convicción de un futuro tan extraordinario, que todas las promesas de los sacerdotes serán pálidas frente a la realidad del prodigio apócrifo.
Porque si la resurrección de la carne para siempre, o no sucedió ya en Cristo, o no sucederá, como lo dice Cristo; o como lo han anunciado los profetas que nos vaticinaron a Cristo, ¿cómo pueden hacer tan estupendos prodigios los mártires que dieron su vida por esta fe, con la cual se predice esta resurrección?
De los milagros con que quiso el Señor, para alentar la fe de las personas piadosas, confirmar sus promesas por ministerio de los ángeles Acaso creerá alguno que revuelvo y examino sucesos más remotos de lo que es necesario, si intento referir los estupendos y antiguos milagros que hizo Dios en confirmación de las promesas que muchos millares de años antes había hecho el patriarca Abraham, empeñándole su divina e indefectible palabra de que su generación conseguiría la bendición de todas las naciones.
¿Qué diré de los milagros que caminando por el desierto los israelitas hizo Dios en tanto número y tan estupendos...
Porque además de tantos y tan estupendos milagros, que persuadieron aún a los más obstinados que Cristo era Dios, también precedieron profecías divinas, dignas por todas sus circunstancias de fe, las cuales, no como los padres creemos que han de cumplirse, sino que las vemos ya plenamente cumplidas; pero de Rómulo, por que fundó a Roma y reinó en ella, oímos y vemos lo que sucedió, y no un portento que antes estuviese vaticinado.
Ver tanto gato, negro, blanco y pardo, en concurso gallardo de dos colores y de mil remiendos, dando juntos maúllos estupendos, ¿a quién no diera gusto, por triste que estuviera, aunque perdido injustamente hubiera un pleito, que es disgusto, después de muchos pasos y dineros, para leones fieros?
Pero habiendo Dios, para recomendarnos la verdad de su palabra, procedido de manera que por estos sus mensajeros y ministros inmortales que predican y celebran no su fausto y soberbia, sino la Majestad Divina, ha hecho milagros mayores, más ciertos y más evidentes, para que los que desean para sí los sacrificios no persuadiesen fácilmente a los flacos, el conocimiento de Dios, probando la falsa religión a sus sentidos con algunos prodigios estupendos; ¿quién habrá tan ignorante que no elija los verdaderos para seguirlos, puesto que halla en ellos mucho más de que poder admirarse?
Da estupendos resultados en los niños pequeños, o sea, desde el comienzo de la segunda infancia hasta los nueve o diez años inclusive.