Ejemplos ?
A esas criaturas les dura la vida. Si no ha muerto, usted seguramente tendrá interés en encontrar a esa perla preciosa para encerrarla en un estuche.
Escena III SANTILLANA, DOÑA BERNARDA. SANTILLANA Si con ventosas y estuche estaba, ¿fue mucho exceso? DOÑA BERNARDA ¿A qué propósito es eso?
Asín es que si baila peor que la de Estepa, el clavel pa mí, y si no, el clavel pa usté y pa que lo guarde usté en un estuche de plata.
En una alucinación que la otra noche me dominó por unos minutos las joyas que brillaban sobre el terciopelo negro del enorme estuche...
Sentado en una silla baja, al lado de la chimenea, daba vueltas entre los dedos al estuche de marfil; Emma clavaba su aguja, o, de vez en cuando, con su uña, fruncía los pliegues de la tela.
La poca voluntad y el poco egoísmo de su amigo le hacían muchísima gracia, le parecían muy ridículos, y tenía en ellos un estuche de cien instrumentos de comodidad para su propia persona.
(Popular) Pues, señores, ya que he escrito el resumen de la historia administrativa del gobernante, no dejaré en el tintero, pues con su excelencia se relaciona, el origen de un juego que conocen todos los muchachos de Lima. Nada pondré de mi estuche, que hombre verídico es el compañero de La Broma(4) que me hizo el relato que van ustedes a leer.
¿Qué podemos hacer? Voy a desear grandes riquezas y te haré un estuche de oro para tapar la morcilla. -¡Cuídate mucho de hacerlo!
BARBERO Yo, señores, soy barbero, y en mi tienda un caballero entró, no estando yo en casa; y con malicias discretas y doblones, engañó mi oficial, y le sacó un estuche de lanceras en prendas de dos diamantes, y, transformado en barbero, entró tras un escudero aquí.
Otro quería que le introdujera en el canal de la uretra un bastoncito nudoso que traía para este fin en un estuche; había que sacudir vivamente el bastoncito, del que se hundían tres pulgadas, y con la otra mano masturbarle el miembro desmochado; en el instante de su eyaculación, había que retirar el bastón, levantarse las faldas por delante y él descargaba sobre el monte.
El fondo carmesí de la pared del palco realzaba la pureza de su perfil de Diana Cazadora como un estuche de raso rojo el oriente de una perla sin tacha; entre los cabellos de un rubio pálido, en los lóbulos de las orejas diminutas, alrededor de las muñecas redondas y finas y sobre el corpiño bajo de gasa verde pálida que dejaba medio desnudo el seno, brillaban, ardían, las diáfanas esmeraldas de mi tierra, las luminosas esmeraldas de Muzo.
Y al convencerse de que sufría, de que atravesaba un período de abatimiento y casi de desesperación, acordose Severo otra vez de la lima del gitano, y sacándola del estuche de terciopelo en que agradecido la conservaba, la pasó reiterada y diariamente por el cuerpo.