Ejemplos ?
En los trámites de la apelación se ha creído conveniente suprimir el señalamiento de estrados, que no corresponde a ninguna necesidad de la tramitación.
Hay un alguacil mayor que ejecuta los mandatos de la chancillería. Siéntase en los estrados con los alcaldes y va en los actos públicos con la chancillería.
El estilo en el sentarse es en unos estrados altos de ocho o diez gradas debajo de un dosel en banco y alfombrado y alfombras también a los pies.
Y así mismo, habéis de ser obligado a enviar vuestros poderes a los Procuradores y Agentes de Negocios en Mi Real Corte para que en vuestro nombre estén a derecho con el Fiscal de dicho mi Consejo, en razón del Pleito o Pleitos que se os ofreciesen sobre la dicha confirmación, con apercibimiento que no enviando los dichos poderes quedaran señalados, desde luego, los Estrados?
Proyectóse, entonces, - como se sabe – una confederación limitada a tópicos y objetos determinados y, con motivo de la discusión del articulado correspondiente, se volvió a plantear el caso de las intervenciones multilaterales que nuestra Cancillería ha expresado que, por primera vez sube de su brazo a los estrados diplomáticos, y la de Guatemala se apresuró a rectificar, manifestando que fue con anterioridad a Chapultepec, colgada del suyo.
-Pues yo soy mandado para borrar el muñeco y no para oír alegatos. Eso allá a los estrados de la Real Audiencia -dijo el maestre de obras.
En los estrados de los tribunales la gente de toga y garnacha zurcía los alegatos mitad en latín y mitad en castellano; con lo cual, amén del batiborrillo, la justicia, que de suyo es ciega, sufría como si le batieran las cataratas.
Fuegos artificiales, iluminación brillante, en que descollaban la del Cabildo y del Consulado, con sus hermosos transparentes, y para complemento, función de gala en el teatro de San Felipe, donde se da cita lo más granado y elegante de la sociedad de Montevideo, las reuniones familiares respirando alegría, y los estrados recibiendo en su seno el concurso lucido de las comparsas; todo contribuía a la animación y al general contento en que se solazaba el espíritu patriótico y cordial en aquellos inolvidables días ¡ah!
Mientras los otros, profundos políticos, eminentes moralistas, desfacedores de entuertos sociales, agotaban velones y chamuscaban mechas de algodón emborronando pliegos y más pliegos, sacudiendo tajos y mandobles a todo estorbo que hallaban a su paso, ¿cómo no se les ocurrió dejar las cosas como estaban, cantar las jerarquías políticas, barrer las gradas del Poder, adular la aristocracia financiera y entrar en los suntuosos estrados, no para estudiar los vicios y las aberraciones de la culta sociedad, satirizándolos luego con el nocivo fin de extirparlos y traer a otro sendero la descarriada civilización, sino para convertirse en sabrosos narradores de todos los sucesos de telón adentro y ser los panegiristas del encumbrado señorón monsieur le bon ton ?
No hay que darle vueltas, amigo; la literatura está en su terreno, y es un signo de su restauración cuando se arrastra por los estrados y los talleres de las modistas; y el literato dejará de llenar su misión sobre esta tierra de miserias mientras no se consagra en cuerpo y alma a comentar chismes, a publicar mentiras y profanar la lengua de su patria o a renegar de ésta si la dificultad se apura un poco.
Por los estrados, en aquellos lugares destinados para tal efecto en los locales de los tribunales, en los que se fijarán las listas de los asuntos que se manden notificar expresando los nombres y apellidos completos de los interesados; IV.
Si el interesado no se presenta dentro del plazo antes mencionado, o no comparece a la audiencia de ley, las subsecuentes notificaciones se le harán en los estrados del tribunal.