Ejemplos ?
¿Por qué medio? Tendremos continuamente al crío sobre los hombros, y a la criada, los vecinos, el marido, toda clase de estorbos considerables.
Y, además, he tenido siempre mi mujer a mi disposición, cómodamente, sin estorbos de embarazos ni de lactancias; en fin, ¡un encanto de vida!
mala esperanza concibo. Cuanto nuevas ocasiones imaginan los mancebos, tanto el tutor halla nuevos estorbos y precauciones. Si abre la niña una reja y el aya avizor elude, luego a cerrársela acude la cócora de la vieja.
Al fin cayó mortalmente enfermo; y después de haberse confesado, declaró de un modo humano que no se llamaba José Mariano Sánchez, sino que era el padre Oroz, religioso franciscano conventual de la ciudad del Cuzco; que habiendo tenido la desgracia de dejarse vencer por unas afec- ciones poco honestas hacia una joven, su hija de confesión, viendo que ésta iba á casarse la puso estorbos de todo género y que, siendo éstos inútiles, la asesinó á puñaladas.
Había que vencer instintos, vanidades, sensiblerías; todos los estorbos de la distracción para obtener la gloria creadora que el TEOTL, nuestro reverendo padrecito-madrecita había heredado a los seres humanos.
Cuando esto oyó Rodolfo, llevado de su amoroso y encendido deseo, y quitándole el nombre de esposo todos los estorbos que la honestidad y decencia del lugar le podían poner, se abalanzó al rostro de Leocadia, y, juntando su boca con la della, estaba como esperando que se le saliese el alma para darle acogida en la suya.
Y, por otra parte, ponen mil estorbos a la Iglesia y restringen hasta el máximo la libertad de ésta, siendo así que de la doctrina de la Iglesia no hay que temer daño alguno, sino que, por el contrario se pueden esperar de ella toda clase de bienes.
Acongojada la mente con tan varias ilusiones, redobla las aprensiones que la vienen a turbar; y engañados los sentidos, la lengua a invocar no acierta favor, ni la planta incierta se decide a caminar. Estorbos mil al encuentro nos salen a un punto mismo; doquiera se abre un abismo donde avanzamos el pie, doquiera una sombra horrible nos descarría y espanta, y se anuda la garganta y se acobarda la fe.
Sé bien de la profunda irritación ante el maltrato, ante la prepotencia, ante los estorbos burocráticos y sobre todo, ante la inadmisible frustración, ante la impunidad.
Vino (¡mirad qué ventura!) en busca de su maestro, para el sacrificio hermoso, el lacayo muy contento. A un hombre, ¡válgame Dios, qué de estorbos y rodeos atajan y facilitan!
Buscándome Santarén -ya sabéis su extraño humor-, sacó, entre burlas y veras, mi mal, por la turbación. Contésele importunado, y estorbos facilitó que, si cumple cual promete, mi dueño es, su esclavo soy.
Háganse ustedes ahora la cuenta de que a El Tío Cayetano le ha llovido sobre la espinosa senda que, como periodista, recorría desde noviembre acá, uno de esos obstáculos tan inesperados como indestructibles; uno de esos inconvenientes que están fuera de los alcances de la humana previsión; uno de esos repentinos estorbos que no se vencen en el acto, ni con dinero, ni con sacrificios de ninguna especie, y díganme qué le toca hacer en tan supremo instante, no siendo, en su concepto, ni de los cobardes, ni de los temerarios, ni de los estoicos, sino de los prudentes del ejemplo citado.